Capítulo 55: Elegir.

 

The begining of sea

Tomo mi móvil por décima vez y reviso si tengo algún mensaje de texto y para mi exasperación, no hay ninguno.

Abro el chat de Whatsapp y tampoco hay nada.

Abro la bandeja de entrada de Facebook y está más vacía que mis ganas de levantarme.

Comienza a entrarme pánico. Es víspera de navidad, ya casi serán las tres y desde el día domingo Karla no ha respondido mis llamadas, mis mensajes de texto, mis toques en Facebook ni tampoco las notas de voz que le he dejado en Whatsapp.

Nada.

Y he ido a buscarla esta mañana y la señora Bonnet me ha dicho que salió desde temprano y que no sabía a qué horas regresaría, cosa que solo acrecienta mi exasperación porque me queda muy en claro que me está evitando.

Tal vez hice mal en contarle lo de Cori.

No.

Es que lo malo fue ocultárselo. Ella ya lo sabía. Cori se lo había dicho. ¿Cuán idiota tuve que haber sido yo para no haber hecho lo mismo?

Es decir, no es como si Cori y yo estuviésemos realmente atados de manos y con la boca cosida como para no contárselo.

Realmente soy un idiota.

Alguien toca la puerta de mi habitación y al tercer toque, Kathy entra con su teléfono en la mano y con un papel en la otra.

—Querido, tenemos que ir a la ciudad para comprar las cosas de la cena de esta noche.

—¿Y si André va contigo?—realmente no quiero salir.

—Ha salido con Lucas a hacer otras cosas, así que solo somos tú y yo.

Que flojera, pienso.

—Está bien, pero al regreso vamos a pasar comprando donas.

—Como gustes, tesoro—dice, dándose la media vuelta y saliendo de mi habitación.

Diez minutos después vamos camino a la ciudad. El paisaje es blanco como las nubes y los árboles se han tornado esqueléticos y grises a causa de la nieve, pero de repente ese paisaje esquelético desaparece y los edificios de la ciudad comienzan a aparecer poco a poco, volviendo más cutre el paisaje.

—Así que… ¿saliste con Eureka?

Kathy lo suelta de repente y logra desconcentrarme.

—¿Quién?

Hazte el idiota, Sasha, que eso te sale muy bien.

Ella pone los ojos en blanco y resopla.

—Yo—su tono de ironía es bien marcado.

—¿Acaso eres lesbiana? Pues, que eso no me lo esperaba.

—Desgraciado—ella suelta una risotada.

—Solo para que lo sepas, yo te apoyo.

—No soy lesbiana—se mofa.

—¿Pansexual?

—Casi no me gusta el pan.

Esta conversación no podría ser más tonta. Pero siendo sincero, me encanta pasar el rato así, riéndome. Casi como si en esta vida terrenal no existiera nada por lo que debiera preocuparme.

—¿La pizza?

—No es mi favorita.

—¿Entonces las hamburguesas?

—Qué vergüenza, Sasha Alexander, ni siquiera sabes lo que me gusta.

—Maikel. Pero ese no se come…

—¡Serás un mal parido!

No puedo evitar soltar una carcajada.

—O bueno, sí se come, pero no en el sentido literal de la palabra—me encojo de hombros.

—No, pues que lo mismo debería de decir de Eureka. ¿No?

—No sé de qué hablas.

—La chica pelirroja.

—¿Cuál pelirroja?

—¡La de la guardería! ¡La de tu jodida cita!

—¿Cuál cita? Ay, creo que te estás volviendo loca.

Ella suelta un bufido de exasperación y me da un pequeño empujón en el hombro, cosa a lo cual no puedo evitar reírme. Fastidiarla es tan estimulante.

—Bien, bien—le digo entre risas—. Me ha ido bien.

—¿En serio? ¿Tendrán otra cita?

—No lo sé. Supongo.

—¿Supones?

—Espero…

—Parece una chica linda y agradable.

—Lo sé—y de verdad que lo es, pienso—. ¿Y qué hay de ti?

—Ya te dije que no era lesbiana—ella hace una mueca de desdén.

—Hablaba de Maikel.

Noto de reojo como Kathy se pone nerviosa y como mejor decide perder su mirada por la ventana del auto. Es que era más que obvio que algo pasaba entre estos dos, que sería casi un delito que me estuviese equivocando.

—Oh, bueno… no sé de qué hablas.

—Te gusta.

—Estás loco.

—Y te he visto mirándolo cuando él no se da cuenta.

—Son imaginaciones tuyas.

—Este martes en el instituto te he visto mirarle el culo cuando caminaba.

—¡Hijo de puta! ¿Ya no puede tener una un poco de privacidad?

—¡Aja, hija de satanás! ¡Lo sabía! Tienes pensamientos lujuriosos con el chico.

—Yo no…

—Y seguramente se miran a escondidas.

—Claro que n…

—Y se toman de la mano y se besan.

—Nunca ha…

—¡Y se escriben hasta quedarse dormidos!

—¡Jesucristo, deja de hacer eso!

—¡Sexo!

—¿¡Qué!?—Kathy suelta una carcajada.

—Niégalo—advierto con sorna.

Kathy se cruza de brazos y me taladra con la mirada. Quisiera volver a verle y enarcarle una ceja pero si lo hago iríamos a chocar.

—No me he acostado con nadie.

—Hablaba de que te gusta Maikel—mascullo con desdén.

—Oh…—ella ablanda su gesto—. Bueno. Sí me gusta. Pero eso creo que ya lo sabías.

—¿Y qué es entonces lo que no sé?

Logro ver de reojo como Kathy baja su rostro y se remueve incomoda en el asiento. Aprieta sus labios y pareciera como si va a dejar el asunto en el aire, pero al final se decide por hablar.

—Ayer salimos solos los dos y fuimos a Puffle…

—¡Santa mierda!—exclamo sorprendido.

Bien. Esto no me lo esperaba.

—¡Cállate, no te burles!—dice, cubriéndose el rostro con ambas manos.

—¿¡Y qué tal estuvo!?

Ella separa los dedos de sus manos en su rostro y deja entre ver sus ojos que van de un lado a otro, nerviosos.

—El chico es lindo.

—¿Y?

—Y no es un idiota.

—¿Y?

—Y me pidió que volviéramos a salir el otro fin de semana.

—Lo verás en el instituto—advierto, pensativo.

—Hablaba de otra cita.

—Creo que me estás ocultando algo.

—No.

—Kathy…

—¡Ay, está bien! ¡Nos besamos!

¡Ihg! ¡Casi que me atraganto de la sorpresa!

—¡Lo sabía!—exclamo emocionado.

—Solo fue un beso, pequeñito.

Realmente me emociona que Kathy esté interesada en alguien y que ese alguien esté interesada en ella. Digo, es que es una chica linda y una muy buena persona. Se merece a alguien igual de bueno.

—Espero y funcionen las cosas—advierto, con una sonrisa en el rostro—. Hablo de Maikel y de ti. Y de Simón.

—¿Simón?

—Khana, querida, está viéndose con Simón.

—¡Tienes que estar bromeando!

—Juro por mi trasero que digo la verdad.

—Estoy impactada—dice ella, con un tono de emoción en su voz.

La verdad es que yo quedé igual cuando me enteré. Un día Khana me comentó que últimamente hablaba bastante con Simón y que hacía unos días habían quedado para ir por un café. Si mal no recuerdo ella me comentó que han quedado de ir por otro café luego de navidad.

Vaya cosas estas las que suceden. Ya decía yo que por algo un día el chico, luego de haberlo sorprendido mirando a Khana, me había abordado con una sonrisa en su rostro y me preguntó por ella.

Simón parece alguien muy callado, pero supongo que con Khana ha de ser distinto, se ha de sentir más a gusto, y considerando lo activa que es ella es casi como unir el ying y el yang, haciéndolos encajar en perfecta armonía.

Llegamos finalmente al supermercado y como siempre nos encontramos a Eunice que está repartiendo muestras de salchichas con aderezo. Nos detenemos unos momentos a platicar con ella y luego de una charla bastante extensa sobre lo que hemos hecho últimamente nos decidimos por ir a conseguir lo del listado de compras.

Me pregunto dónde estarán André y Lucas. No los he visto en todo el día. De hecho, ni siquiera estuvieron en el desayuno.

—¿Ha dicho André a dónde iba?—le digo, mientras reviso la etiqueta de unos chicharos enlatados.

Nope. Solo ha salido esta mañana sin decirnos nada—ella empuja el carrito de los comprados y se pone a husmear entre las mayonesas.

—Qué raro. No ha de andar muy lejos, considerando que no se ha llevado el auto.

—De hecho, sí iba en auto.

—¿Qué auto?—inquiero.

—El de…

Kathy de repente corta sus palabras y se queda callada por un largo rato, tanto que volteo a verle esperando que termine de decirme lo que estaba por decirme, pero cuando me topo con su rostro consternado, vuelvo mi mirada hacia donde la suya apunta y entonces me percato de qué es lo que ella mira con tanto detenimiento.

Parada, a unos diez metros, justo frente a una enorme pila de latas de duraznos, se encuentra una chica, vestida con un suéter que le llega un poco arriba de las rodillas, con unas botas de color negro y con su cabello de color azul.

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando la miro es una máscara.

Un antifaz.

Un chico.

Una obscura habitación.

Dolor…

Gaby parece percatarse de que alguien la está mirando y voltea su rostro hasta que por fin se topa con nosotros. Noto como Kathy se tensa y aprieta los músculos de su mandíbula, su entrecejo se frunce y respira hondo.

—No pasa nada—le advierto, casi en un susurro. Ella vuelve a verme y me dedica una mirada de aflicción, pero le vuelvo a decir que todo está bien. Que no tiene que preocuparse.

Mientras tanto, Gaby se queda parada mirándonos, sin moverse ni un ápice, y entonces recuerdo lo que me dijo la última vez que la vi. Que iba a estarme esperando, y hasta ahora había pasado por alto la cuestión porque tenía otras cosas más importantes en las que pensar.

El instinto de ir hasta donde ella se cuela entre mis nervios, accionando eléctricamente mis músculos y comienzo a caminar.

—Sasha…

—Por favor, espérame aquí—le digo a Kathy.

Si no hablo con Gaby ahora, no será nunca. Y tengo que saber realmente la verdad. La parte de su verdad.

Una verdad que fue más dañina de lo que cualquiera podría haberse imaginado.

La imagen de Liam cruzando mi cabeza me deja un sabor amargo en el paladar y me hace pensar que tal vez no quiera saber más del asunto, pero aun así algo dentro de mí me mantiene en movimiento, y por alguna razón ese algo intenta hacerme creer que ésta chica debería de pasar por lo mismo que he pasado yo.

Que se lo merece.

 Aun así, me opongo al pensamiento, porque… por alguna razón… el rencor que pude haberle tenido se canalizó en Liam y se ha quedado con él. Incluso si no ha sido el único que me ha hecho daño.

—Hola—me dice, con una mirada vacía que se consume en sí misma—. Finalmente volvemos a vernos.

—Eso parece—respondo.

Gaby se frota sus manos y las mete en los bolsillos de su suéter, dirige una mirada por sobre mi hombro y suspira.

—No parece muy alegre de verme—advierte, refiriéndose a Kathy.

—No creo que vaya a alegrarse nunca—musito.

—Es normal. No sé quién querría ver a alguien que fue parte del casi asesinato de uno de sus amigos.

Asesinato.

Se siente cómo acido en mis tímpanos.

—Te he estado esperando todo este tiempo—advierte ella, regresando su mirada hasta mí—, y no sé realmente por qué creía que vendrías.

—No estaba seguro de querer hacerlo.

Ella sonríe. De una forma melancólica. Casi dolorosa.

—No tenía tantas esperanzas de que lo hicieras. Pero de todas maneras conservaba algunas pocas.

Por alguna razón mi mandíbula, que en un principio estaba tensa, comienza a relajarse y mi respiración se enlentece. Veo a Gaby y miro en ella el rostro de Benny, y algo dentro de mí se estruja, recordándome que incluso las personas por las que te juegas la vida te apuñalan por la espalda, y aún así, no puedo odiarle.

—Siento mucho lo de Benny—trato de sonar lo más sincero posible, aunque tal vez ella no lo crea.

—Yo siento mucho lo de tu amigo Cori.

Y tal vez sea yo quien no le crea a ella.

—Y de verdad siento mucho lo que sucedió—continua hablando—. Sé que merezco que me odies, que odies a Benny… a todo el mundo que te hizo daño. Pero todo este tiempo he querido explicarte muchas cosas que posiblemente te parezcan una mala excusa.

—¿Son realmente una excusa?—inquiero.

Ella baja su mirada y niega con su cabeza.

—Son la verdad—responde.

—Te escucho, entonces.

Noto como Gaby se remueve un poco dentro de su suéter y traga grueso. Esto no parece ser tan fácil para ella.

Tampoco lo es para mí.

—Varios meses antes de que todo sucediera… Liam comenzó a formar un nuevo grupo de chicos. Ni siquiera sabíamos lo que realmente hacían, pero tratábamos de mantenernos alejados de ellos. Creo que a estas alturas has de saber que Benny y yo éramos hermanos.

Ella alza su mirada, esperando que yo esté entendiendo todo, así que me limito a asentir con mi cabeza.

—Y una vez el grupo se convirtió en lo que Liam esperaba, lo primero que hizo fue buscar a Benny. Al igual que tú nosotros también nos habíamos mudado para evitar que alguien intentara hacerle algo a mi hermano por lo que sucedió aquella vez en la que tú lo salvaste. Y aún así… Liam lo encontró. Y en ese jodido proceso de cazar a Benny me vi involucrada yo, por querer protegerle de algo que era más grande de lo que pensaba.

—¿Por qué demonios no lo hablaron con alguien?—mascullo, un poco confundido.

—Porque teníamos miedo ¿sabes? No tienes idea de lo horrible que es vivir cada día de tu vida acosado por alguien que puede hacerte daño. Te vuelve débil. Te hace creer que no tienes a nadie. Te vuelve una persona sumida en el abandono. Y sintiéndote así, ¿cómo esperas tener las fuerzas para pedir ayuda?

—Estaban a tus padres…

—No tienes tampoco idea de lo que son papá y mamá—y su rostro se ensombrece más—. Con ellos… es casi como criarse solo.

Extraño a mamá y a papá, pienso.

—No tuvimos elección, Sasha, nadie quería salir lastimado… y de verdad siento que al final fueses tú. Liam nos amenazó con hundirnos si no le ayudábamos con lo que él quería alcanzar.

—Y todo lo que él quería…

—Eras destrozarte a ti—ella completó a frase con un hilo de voz apenas perceptible—. Siento haber sido parte de esto. De verdad lo siento mucho. Me disculpo en nombre de Benny, pero juro que cada cosa que hicimos, cada cosa que dijimos y las que callamos fueron una mentira. Nunca lo quisimos…

“Nunca” a veces es una palabra muy pesada

—Y cuando ya no lo soporté… tuve que hundirnos a todos para evitar que algo peor sucediera—la voz de Gaby se quiebra—. Aun así… llamar a la policía no fue suficiente.

—Entonces fuiste tú—la información se estrella contra mí, casi como una bala.

—No merecías nada de lo que pasó—ella respira hondo y se sorbe los mocos—, nadie se merecía nada de esto. Y a veces tenemos que dejarnos caer al abismo a pesar del miedo, porque tal vez logremos volar.

—Y lo conseguiste—advierto.

Alzó vuelo, y si no hubiese sido porque ella se dio en valor de detenerlo todo, posiblemente no estaríamos teniendo esta conversación. Ni tan siquiera respirando.

—Tarde—se le escapa un sollozo—. Al final de cuentas extendí las alas… y ha sido tarde.

Oh, Benny.

—Creo que es suficiente—una voz a mi lado se materializa y me saca de mis ensimismados pensamientos.

Kathy ahora está al lado mío. ¿Cuánto habrá escuchado de todo?

—Sasha, es hora de irnos.

—Pero aún no  hemos…

—Sasha, nos vamos—Kathy me dirige una mirada bastante dura, dando por zanjada toda la situación.

Gaby le dirige una mirada en la que se acumulan pequeñas lágrimas y se remueve un arrepentimiento que pareciera más grande que la voluntad de seguirse manteniendo de pie.

—Lo siento—Gaby lo dice con una voz que se desvanece entre un sollozo y un nudo en la garganta—. De verdad lo si…

Plafff.

El sonido de una bofetada se ahoga entre los estantes del pasillo y provoca que el corazón me dé un vuelco.

—Cállate—Kathy lo masculla con la voz entrecortada y con su mano aún en el aire.

Gaby, perpleja, se mantiene con su vista perdida en la dirección en la que la bofetada le ha dejado el rostro.

—No tienes idea de todo lo que hemos tenido que pasar por tu maldita culpa—la voz de Kathy es dura—. Puedes disculparte todo lo que quieras y conseguir que este chico te perdone, pero ambas sabemos que no te lo mereces. Que solo lo conseguirías porque Sasha es demasiado bueno como para odiarte.

—Kathy…

—Esta será la última vez que le diriges la palabra a Sasha—ella ni siquiera me deja hablar y mantiene su mirada fija en Gaby—, porque si en todo este tiempo la culpa por lo que hiciste no te ha matado entonces lo haré yo si te le vuelves a acercar. Y yo no sentiré culpa… no, porque yo sí te odio. Porque yo no soy tan buena persona como Sasha. Porque realmente te lo mereces.

Porque yo tal vez sea muy débil incluso para cuidar de mí mismo.

Porque lo soy.

Porque siempre lo he sido.

***

De camino a casa el ambiente es un poco tenso. De reojo miro a Kathy que va sentada en el asiento del copiloto, con su mirada perdida en algún punto del blanco paisaje.

Jamás la había visto tan molesta. Y me asusta. Porque se siente como si yo he tenido la culpa de que esté así.

Aunque tal vez así sea.

—¿Vas a estar así todo el camino?—le pregunto.

—Tal vez.

—No ha sido tan malo—trato de restarle importancia a lo que ha sucedido en el supermercado—. Es decir, ella ya me ha dicho lo que tenía que decirme.

—¿Y eso a quién demonios le importa?—voltea a verme.

Su entrecejo fruncido y su voz dura provocan que me tense.

—¿Acaso crees que sus disculpas son suficientes, Sasha?

—No sé si…

—¡Deja de excusarla!—chilla—. Siempre haces lo mismo cuando intentas verle el lado bueno a alguien que te ha hecho mucho daño.

—¡Ella no tenía elección, Kathy!

—¡Todos tenemos una maldita elección!—vocifera—. Y ella eligió hacerte daño para salvarse.

Tal vez Kathy tenga razón…

—Sé lo que piensas, Sasha—continúa Kathy—. Sé que crees que porque Liam amenazó a su hermano y a ella no tuvieron elección, y que porque ella al final decidió llamar a la policía para detenerlo todo tal vez se merezca una oportunidad para ser menos miserable.

Tal vez yo me esté equivocando…

Pero el miedo no es una excusa para hacerle daño a alguien que no te ha lastimado—Kathy respira hondo y exhala lentamente, volviendo a perder su mirada por la ventana. 

Porque…

—Incluso si es por proteger a alguien más—musita.

¿Realmente se puede perdonar a alguien que lastimó tu mundo?

—Incluso si es porque no quieres salir lastimado tú mismo.

No… tal vez no sea posible, pienso.

Kathy vuelve a verme, esta vez con un semblante más sereno. Parece estar triste.

—¿Le habrías hecho tú lo mismo a ella si hubieses estado en su posición?—su pregunta tiene un tono acusador.

Quiero llorar.

—No lo sé—respondo.

Y por mi mente cruza Cori y Karla en el lugar de Benny y de repente dudo… dudo de si habría hecho o no lo mismo que hizo Gaby por salvar a su hermano.

—No pareces estar seguro—Kathy logra leerme el pensamiento.

Un pensamiento que se debate entre lo que es correcto y lo que no. Y cuando creo que tengo una respuesta, las ideas se me fugan, una a una, hasta que por impulso se materializan en mi voz.

Sin ningún sentido.

Sin ningún orden.

Solo siguiendo el instinto de explotar lo que realmente siento.

—Yo también tengo a quien proteger—mi voz es casi un susurro—. Por favor ponte en mis zapatos—le pido—. Por favor—y vuelvo a verla con unos ojos vidriosos que escuecen—. No puedo odiarla, Kathy—y de repente comienzo a llorar como un niño de cinco años, por lo que tengo que detenerme unos momentos a media carretera—. Porque si hubieses estado tú en el lugar de Benny, yo habría matado a quien fuese por evitar que te lastimaran.

Tal vez por esto mismo, a pesar de todo el daño que Gaby causó, es que no pueda odiarla. Tampoco puedo perdonarla del todo. Porque Kathy tiene razón. Todos tenemos una elección y somos responsables de ella. Incluso si implica lastimar a alguien más para proteger a otros. Tenemos que cargar con eso, vivir con eso, y sentirnos culpables si lo merecemos.

Y aunque las razones de esa elección sean por una buena causa, para proteger lo que amamos… para protegernos, aún así, si le causamos daño a alguien más, debemos remendarlo.

E incluso si el remiendo no nos concede el perdón, tal vez, solo tal vez, nos exima del odio.

Porque… nadie se merece el odio por intentar proteger lo que ama.

Nadie…

 

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