Capítulo 54: “Videocasete #1: Él”

The begining of heaven

Son las tres treinta de la madrugada del día lunes y seguimos en la sala, acostados en el sofá con Carol porque hacía rato que mirábamos películas de Disney. Se quedó a dormir acá así que nos pusimos a jugar toda la noche hasta el cansancio. Ahora ella se ha quedado dormida así que he tenido que apagar el televisor e intentar dormir, pero no lo consigo. Le sigo dando vueltas a lo que Karla me dijo y aun no termino de enterarme si al final estaba molesta conmigo o qué. Y en caso de que lo esté, tiene toda la razón. Le oculté cosas por tanto tiempo y fue algo que incluso me dolió a mí. Además, no me esperaba que Cori le dijese que estábamos juntos. Es decir, pensé que él no se lo diría a nadie más, pero entonces, ¿por qué a Karla? ¿Por qué decidió decírselo a ella sin antes decírmelo?

El brazo en el que Carol está recostada se me comienza a dormir, así que hago el amago por levantarme y llevarla mejor a la cama a que descanse más cómoda. La levanto con mucho cuidado intentando que no se despierte y la cargo por las escaleras hasta llegar a mi cuarto.

Carol no pesa demasiado, así que no se me dificulta en nada subirla y recostarla en mi cama. La acomodo con cuidado y la cubro con las sabanas. Un beso en su frente y un “buenas noches, Carol” y la dejo dormir a gusto. Creo que hoy me tocará pasar el resto de la madrugada en vela. Ya no tengo sueño así que mejor me pondré a revisar lo que le entregaré a Donovan ahora.

Hoy será el día en el que le dé mis anotaciones del diario. Se las entregaré todas y cada una, sin omitir absolutamente nada y sin agregarle tampoco algo innecesario. Aun no puedo creer que vaya a darle mis vivencias a mi profesor de curso. Vaya que mierda de vida esta.

Cuando me dispongo a buscar la libreta donde he estado pasando las anotaciones, sobre la mesa me percato que justo en ésta se encuentra la pequeña caja que el señor Donovan me entregó aquella ocasión y que me dijo que Cori me había dejado. Aún no he tenido el tiempo para revisarla, así que ahora que no puedo dormir creo que sería una buena idea hacerlo. Me pregunto de qué tratará todo esto, y me intriga el hecho de que Cori dejara esto con mi profesor y no conmigo si desde un principio quien lo iba a tener iba a ser yo.

Cojo la pequeña caja y me dirijo a la sala con ella para ver de qué trata todo el asunto. Me siento en el sofá con las piernas cruzadas y me dispongo a revisar de arriba a abajo el paquete pero no parece tener anotado absolutamente nada en ninguna de sus caras, así que mejor doy paso a abrirlo y hurgar en su interior. No es una caja demasiado grande la verdad, cabe perfectamente en mis manos, así que lo que debe tener dentro es pequeño, y efectivamente cuando la abro me topo con varios casetes de video ordenados en fila y por volúmenes.

Ummm, que extraño.

Cojo el primero de ellos que dice: “Proyecto escolar de fin de año: Él” y lo examino por todos lados pero no encuentro más anotación que esa, así que me dispongo a meterlo en la videocasetera para ver qué video contiene. Mientras la cosa esa carga, decido que tal vez debería acompañar mi insomnio con un poco de chocolate, así que dejo al pequeño aparato configurarse y me voy a la cocina a preparármelo. Una vez está listo, cojo unas magdalenas de la alacena y me dirijo nuevamente a la sala, pero me doy cuenta que ya no estoy solo.

—Oh, Kathy.

Ella alza su mirada y me sonríe.

—No podía dormir—me dice con voz somnolienta—. He dado más vueltas que un trompo en mi cama pero no lo consigo.

—Yo tampoco podía dormir.

—¿Puedo hacerte compañía?

—Claro—me siento junto a ella y le paso una magdalena.

Kathy la coge y la moja en mi taza de chocolate para luego comenzar a comérsela a pequeños mordiscos.

—¿Veras una película?—me dice.

—No, esto es otra cosa.

—¿Video casero?

—Ni la menor idea—me encojo de hombros—. Es de Cori. Donovan me lo ha dado.

—¿Donovan? ¿Y él qué hacía con videos de Cori?

—Parece que Cori le pidió que me los diese.

Le paso la pequeña cajita a Kathy y ella la examina minuciosamente. Una vez parece satisfecha con su investigación, me la regresa y suspira.

—¿Quieres que los vea contigo o prefieres quedarte solo?—me pregunta.

—Quédate—advierto con una sonrisa—. No es como si quisiera estar solo a esta hora.

El televisor pasa de ser una pantalla completamente azul al negro y entonces nos callamos y ponemos atención al video que ya ha comenzado a correr.  La pantalla oscura dura apenas unos segundos y luego en ella aparece Cori sosteniendo un papel en sus manos.

De repente quiero meter mis manos al televisor y abrazarle.

El papel dice “Proyecto escolar de fin de año: Él”, tal y como se titulaba el casete. Cori sonríe y luego baja el papel y mira fijamente a la cámara. Muerde su labio inferior y luego comienza a reírse como si estuviese nervioso.

—Bien, este, ammm ¿Cómo debería de comenzar esto?

Cori hace una breve pausa mirando hacia los costados, luego vuelve a enfocar su mirada de ojos verdes en el lente de la cámara y vuelve a sonreír.

Oh, su sonrisa. Quiero a Cori de regreso conmigo.

—Este es mi proyecto de fin de curso y supongo que debería de ser específicamente un Diario. Sí, como el tuyo, Sasha…

Menciona mi nombre y algo dentro de mí se estruja. 

—…Escrito. Pero bueno, mi letra es fea y soy un flojo para escribir, así que mejor lo grabaré. Además, me salen de asco los cuentos y me parece que tengo tanto para decir que llenaría miles de cuadernos de esa manera. Pienso también en los árboles. Pobres. Terminan convertidos en páginas. Por cierto, señor Donovan, sea paciente con mis videos, ¿sí? Y Sasha, sé que verás esto, así que te contaré de qué trata. Mi proyecto escolar no es para mi profesor: Es para ti. No quiero una nota por esto, solo quiero que tú lo veas—Cori sonríe y sus ojos se entrecierran de una manera preciosa—. Pero señor Donovan, no vendría nada mal una “A” por esto, ¿sabe? No sea tan tacaño. En fin, el punto es que te contaré lo que suelo hacer a diario. Supongo que ya lo sabes, pero bueno, quiero contártelo. Comencemos.

El video vuelve a tornarse una pantalla negra y sale un título en letras blancas que dice de la siguiente manera “Cuando Sasha sonríe, yo sonrío

Luego de eso la pantalla negra cambia nuevamente a un video y esta vez aparece Cori frente a la cámara. O bueno, creo que no es una cámara. Parece un video grabado con…

—¡¡Holaaaassss!!—dice con una amplia sonrisa—. Bueno, como quiero que esto funcione grabaré con mi móvil los videos—ah, entonces era su celular—. Sasha, te acosaré por un largo rato, ¿sí? Aunque tú no te des cuenta, pero bueno, es que me encanta verte. Además, quiero que todo salga lo más natural posible. Ahora, señor Donovan, comenzaré por explicarle. ¿Ve a ese chico de allí?—Cori mueve su móvil para enfocarme a mi sentado en el pasillo con Karla hablando. Parecemos no percatarnos de que Cori nos está grabando. La verdad es que no recuerdo en ningún momento de que Cori nos grabara—. Pues bien, señor Donovan, ese chico se llama Sasha. Usted ya ha de conocerle, por un carajo si nos da clases a diario. El punto es que, ese chico que ve ahí sonreír, sí, ese de ojos azules y de sonrisa bonita, sí, él, bueno, él es la persona que me hace sonreír.

Cori mueve su celular y vuelve a enfocarse a sí mismo. Parece estar en el salón de clases. Lo noto por los muebles que aparecen a su alrededor.

A Sasha lo conozco desde hace un buen rato. No tanto tiempo como yo quisiera, pero me parece suficiente. Digo, es que con él mi tiempo no es perdido. Me encanta pasar tiempo con Sasha. Y por si se lo está preguntando, sí, él chico me gusta. Ahora, déjese de babosadas y no piense cosas erróneas antes de tiempo. Poco a poco iré explicándole.

El video se corta sin previo aviso y el escenario cambia. Ahora Cori está en el exterior. Estamos en clase de deportes y andamos trotando por el campo. Cori va grabándonos a Khana y a mí corriendo adelante. Karla va atrás de nosotros charlando con Emma, una compañera que está loca por los gatos.

Supongo que Cori tiene que ir solo, porque va hablando con la respiración entrecortada mientas corre. Sigo sin saber cómo diablos es que no me he dado cuenta cuando nos grababa.

—Por cierto, señor Donovan, ¿sabía usted que Karla tiene un lunar cerca de su nalga izquierda? Pues bueno, si no lo sabía, ahora lo sabe. Y mejor no me pregunte cómo lo sé porque no pienso decírselo. En fin, ese era un dato de poca relevancia en todo esto, pero de alguna manera tenía que introducir a mi mejor amiga en este diario-video. A Karla la conocí mucho antes que a Sasha y debo decir que esa chica es una gran cosa. Ella es como la molécula de oxigeno que flota por ahí cerca de mí. Sasha también es la otra molécula de oxígeno. Ahora, clase rápida de química: El aire que respiramos está compuesto de dos moléculas de oxigeno… y otros elementos que me da flojera mencionar. El punto es que Karla y Sasha son mis dos moléculas de oxígeno. ¿Lo capta?

»Karla es una buena chica, y es como una hermana. Cuido de ella como ella cuida de mí, y entre ambos cuidamos de esa cosa que va corriendo en frente de ella, sí, de Sasha. Él es demasiado torpe y un poco silencioso. Me gusta que Sasha sea así. Me gusta pasar tiempo con ambos. Me gusta Sasha.

»Por cierto, señor Donovan, creo que debería de decirle algo muy importante: Sasha no sabe hasta el momento cuanto me gusta. Aun no se lo he dicho, porque bueno, no sé cómo hacerlo y no sé qué va a suceder si lo hago. ¿Algún consejo?

Oh, Cori. ¿Cómo es que pudo mantener esto tan guardado para sí mismo? Yo no lo hubiese soportado.

Vuelvo a ver a Kathy y noto que me mira de soslayo. Como si esperase alguna reacción de mi parte ante el video, pero la verdad es que no sé ni cómo debería de comportarme. En algún punto de mí un pensamiento oscuro florece y me hace pensar una tan sola cosa: Es como si Cori ya supiese que iba a morir y quería que le recordáramos.

Intento alejar ese pensamiento de mí, porque duele. Porque simple y sencillamente es demasiado egoísta. Porque solo me provoca ganas de querer llorar.

—Sasha… ¿Estás bien?

Kathy me frota la espalda y me mira preocupada.

Asiento levemente pero no hablo. Si lo hago, mi voz va a quebrarse. No quiero.

Mi garganta es un nudo, y no quiero que se deshaga en sollozos.

El video vuelve a cortarse y ahora Cori aparece en un escenario diferente. Lo reconozco inmediatamente. Es su habitación. Cori yace sentado en su cama y la videocámara seguramente está apoyada sobre su mesita de noche mientras le graba.

»¿Alguna vez le ha sucedido, señor Donovan, que el día no le es suficiente para ciertas cosas? Porque a mí me ha sucedido exactamente eso ahora. Me sucede de hecho muy seguido. Y es que, con estos chicos 24 horas me suelen resultar muy pocas. Ya casi es media noche, y pronto me iré a la cama. Me siento muy cansado de grabar clandestinamente a Sasha, pero no importa.

Cori suspira y se tiende en su cama, y por unos momentos la cámara se mantiene grabándolo ahí, recostado, mirando un techo que solía mirar junto a él.

Unos minutos después él vuelve a levantare y le sonríe a la cámara.

Esa sonrisa que tanto extraño se materializa en el televisor, y como cualquier cosa hermosa que queremos con nosotros y que ya no podemos tener, la sonrisa, esa tan bella sonrisa de Cori… me desarma.

»Y ahora lo más importante. Querido Sasha, un día verás este video, y no sé si estaré para presenciar tu reacción, pero, ¿puedo confiarte un secreto importante?—Cori desvía su mirada hacia el suelo unos segundos, se muerde su labio inferior y como si su sonrisa no me doliese tanto, ahora es su mirada fija en la mía la que me destroza—. Había una vez un chico que se enamoró de su mejor amigo—Cori vuelve a sonreír—. Y tal vez ese chico sea yo…

»Lo siento…

Y de repente, el video se corta, pasa a ser una pantalla negra durante unos segundos y al final, el típico tono azul chillón se proyecta en el televisor, indicando que ese casete ya no tiene más grabación que mostrar.

Estoy a punto de llorar, de soltar un sollozo y de hacer notar que este video ha hecho pedazos con mucha facilidad una sensación de bienestar que comenzaba a tener, pero cuando estoy por abrir la boca para decirle a Kathy que no puedo creer lo que acabo de ver, la miro a ella y noto su rostro crispado, sus ojos llorosos y las lágrimas bajando por sus mejillas.

—No sé qué hacer con ésta sensación de vacío—advierte ella—. No sé cómo hacerte sentir mejor, Sasha.

—Yo tampoco sé cómo hacerme sentir mejor—intento esbozarle una sonrisa que al final ha de resultar una mueca lastimera.

—Cori, él te amaba.

—Lo sé.

—¿Cómo lo soportas?

Me encantaría responderle que tengo una forma de hacerlo. Sin embargo…

—No lo soporto—contesto, regresando mi mirada a la pantalla azul frente a mí—. Yo también me siento roto por dentro.

***

Toco la puerta de la oficina del señor Donovan y escucho una voz que desde adentro me dice que puedo pasar. Una vez estoy dentro, observo a mi profesor sentado tras su escritorio, bebiendo una taza de café y leyendo unos papeles que sostiene en su mano.

Él alza su mirada y tras sus gafas se percata que soy yo quien ha entrado y me hace una seña con la cabeza para que pase a sentarme frente a él.

—¿Y bien?—me dice, dejando los papeles sobre el escritorio.

Le da un sorbo a su café y lo saborea.

—Pues, aquí estoy—me encojo de hombros.

—¿Qué es eso que traes en tus manos?—me dice, señalando una bolsa de papel amarilla que cargo conmigo.

—Es mi tarea, señor.

Es prácticamente mi vida hecha palabras, pienso.

—Eres el único que no ha entregado su tarea en la clase. ¿Por qué has esperado hasta esta hora para hacerlo?

—Quería hablar con usted sobre esto, señor.

—Bien, dime, ¿qué querías decirme?

Le extiendo la bolsa de papel y el la coge, sacando de su interior la libreta que contiene la copia a mano de mi diario. Por unos segundos siento un dejo de culpa por darle a él algo tan importante, y de repente siento el impulso de quitárselo, pero me controlo y me digo a mí mismo que esto debe de ser así, que era lo correcto.

Que era mi deber.

—Señor Donovan—comienzo, y respiro hondo—, ¿por qué ha propuesto mi diario como trabajo de ingreso en la universidad?—inquiero.

El señor Donovan abre el diario y se posiciona en la primera página, justo en el título. Noto cómo su mirada recorre las palabras sin detenerse.

—Porque me parece que tienes el potencial de hacer cosas grandes con tus palabras, Sasha.

—Es el diario de un mocoso cualquiera—digo, sin mucha convicción.

—Cori hizo un diario también, y me ha parecido que el suyo no era el de un mocoso cualquiera.

—Él y yo éramos personas muy diferentes—advierto, desviando mi mirada, para que no note lo mucho que me desinfla el hecho de que me recuerde que Cori grabó esos videos.

—Tienes razón—pasó otra página del diario—. No los estoy comparando. Solo estoy diciendo que tus palabras también tienen el mismo valor. Y si aún crees que eres un mocoso cualquiera, pues entonces eres un mocoso cualquiera que tiene mucho que contar y que sabe cómo hacerlo.

Me limito a resoplar y a cruzarme de brazos.

Por alguna razón sus palabras transmiten una serenidad que me hace sentirme etéreo. Como si contrarrestaran la actitud a la defensiva que recién me entero que había adoptado.

—He leído tus historias, las que escribes para el periódico escolar y las que entregas en tus tareas—dice él, dándole otro sorbo a su café—. Y he notado lo mucho que te gusta escribir, leer o incluso saber cosas que muchos pasan por alto. Lo dicen tus ensayos de literatura. Por eso creo que explotar lo que te gusta es una buena forma de sacar lo mejor de ti. Cori amaba leer, tú amas escribir. Eran muy distintos, sí, pero a ambos les apasionaba algo en común: las palabras.

—¿Por qué entonces un diario?—mascullo.

—Te contaré un secreto, Sasha—me dice, mirándome fijamente a los ojos—. Esa tarea era especialmente para ti.

—¿Qué quiere decir?

—He sabido desde un principio que el único que no había escogido un proyecto final habías sido tú, y me ha parecido la oportunidad perfecta para sacar lo mejor de ti. Por eso, ese mismo día temprano, antes de que todo el mundo llegara, he ido a colocar esa hoja de proyecto de un diario al pizarrón.

—Miente—mascullo, incrédulo.

—Has sido el único que tampoco llenó el semestre pasado su boleta de opciones académicas universitarias y pensé que sería buena idea estimularte de ésta forma, considerando todo el potencial que tienes.

—Solo son unos mugres cuentos que…

—“Octubre” será publicado por una editorial, Sasha—me suelta sin más.

Y alzo la mirada de un solo golpe, con la saliva atorándome la garganta y provocando que tosa descontroladamente.

Este hombre tiene que estar bromeando.

—¿Perdón?—le digo, con vos pasmada.

—Tu historia corta, la que se titula “Octubre”, está lista para ser publicada en una sección de una revista en Nueva York.

—¿¡Cómo es eso posible!?—exclamo, hiperventilando, no sé si de la emoción o del hecho de que no me lo termino de creer.

—La directora de la revista es amiga mía, y lee el periódico escolar en la web y los ensayos que se publican ahí, así que ha sido ella quien ha pedido el permiso de publicación.

El señor Donovan desliza los papeles que hacía un rato lo había visto leer cuando entré y los señala con su índice para que los lea.

Me inclino a ver de qué tratan y descubro que el primero de ellos es un correo electrónico impreso en papel que tiene membretado el logo de la editorial y su nombre, y tal y como el señor Donovan ha dicho, ahí piden explícitamente los permisos necesarios para la publicación de la historia corta.

Paso a la siguiente hoja y me percato que lo que le sigue al correo es un contrato con la editorial donde se establecen los criterios bajo los cuales la historia se publicará, los derechos que les debo de ceder y los términos en los que yo como su autor debo de cumplir. Y claro, al final de todos esos párrafos con tantas clausulas, artículos y puntuaciones, hay una línea que bajo sí lleva mi nombre, esperando a que firme.

—Ahí lo tienes—el señor Donovan me saca de mi taciturno estado—. Lo han enviado justamente hoy. Llévalo a casa, léelo detenidamente y me dices qué piensas al respecto.

—Esto tiene que ser una broma—mascullo.

—No lo es, chico.

—No sé ni qué decir—cojo los papeles y los veo de arriba abajo, tratando de asimilar lo que está sucediendo.

—Creo que ya me has dado mucho de lo que tienes para decir en éste diario—me dedica una sonrisa que pareciera que es de satisfacción.

De repente pienso en que me encantaría contarle esto a Cori. Pienso en lo mucho que le emocionaría y en lo feliz que estaría por mí. En que me lo celebraría. En lo orgulloso que se sentiría.

Y de esa forma, esa sensación en mi pecho de momentánea felicidad comienza a opacarse.

—¿Por qué le permitió a Cori hacer también un diario, si la tarea la había pensado especialmente para mí?—suelto la pregunta de repente, encausando la plática en lo que inicialmente estaba.

—Porque era lo que él quería, Sasha. Y como su profesor mi deber es apoyarles con lo necesario para que ustedes puedan alcanzar lo que quieren.

—¿A qué se refiere?

—¿Aún no miras los videos que te di, cierto?

Y cuando me los recuerda, solo puedo pensar en la hermosa sonrisa de Cori que quedó plasmada en esa cinta. Es casi doloroso esbozarla en mi mente.

—Tan solo el primero.

—Bueno, entonces sigue con los demás—se pone de pie y se encamina hacia la puerta, haciéndome señas para que le siga—. Te darás cuenta de muchas cosas, muchacho, y por alguna razón ha dejado esas cosas para ti en esos videos, para que las mantengas como un recuerdo—me dice dándome unas palmaditas en la espalda.

La verdad es que me da un poco de miedo seguir viendo esas cintas de video. Me asusta encontrarme nuevamente esa sensación tan suicida de querer sacar a Cori de la pantalla y tenerlo conmigo y la frustración de no poder hacerlo es lo que me carcome.

Salimos de la oficina y me despido del señor Donovan que entra en el despacho del director, mientras que yo sigo camino hacia la salida del instituto. Kathy ha regresado a casa antes porque le he pedido que lo haga. No quería hacerla esperar y además Lucas había ido por nosotros al instituto.

Aun me siento un poco melancólico por haberle entregado mi diario, y aunque no era el original, me da tristeza despedirme de esas palabras, pero me digo a mí mismo que tengo esas mismas palabras aun en casa; todas las palabras completas, y que él solo se está llevando una parte, una copia, algo que solo es prestado.

Llego a casa y esa extraña sensación de sorpresa mezclada con nostalgia no me ha abandonado. Dejo los papeles del contrato de la editorial sobre la mesa y me dispongo a coger un poco de cereal de la alacena y leche del refrigerador.

Pronto será hora de cenar, así que me limito a comer tan solo un poco.

Escucho a André pasearse por la sala y en unos momentos lo veo entrar a la cocina junto con unas latas de soda vacías que tira en el basurero.

—Oh, has regresado—dice, mientras se lava las manos—. Es un poco tarde. ¿Trabajo extra en el instituto?

—El señor Donovan me entretuvo un poco—digo, obviando sin razón alguna lo de la editorial.

—Ya veo.

—¿Dónde están Kathy y Lucas?

—Con Tránsito, de compras en la ciudad.

—Oh…

—Por cierto, hoy ha venido Maikel. Ha preguntado por ti.

—¿Ah, sí? ¿Y qué necesitaba?

—Dijo que quería hablarlo contigo personalmente.

De repente la curiosidad me entra y me da por preguntarme qué será lo que quiere decirme. Tal vez es algo relacionado con la guardería.

—Le escribiré al móvil más tarde.

Subo a mi habitación y me tiendo en la cama a mirar el techo. No puedo dejar de darle vueltas a lo que el señor Donovan me ha dicho esta tarde. ¿Cómo es posible tanta casualidad como para que mi proyecto realmente haya terminado siendo algo que tanto necesitaba?

Es decir, mi diario es prácticamente una extensión más de mí. Con vida propia. Con alma propia. Algo que me mantiene a flote.

¿Tanta razón tendrá el señor Donovan al decirme que esto es lo mío?

Pero… ¿Qué es exactamente “esto”?

¿Escribir?

¿Contar algo?

¿Decir estupideces?

Por un segundo una idea titila en mi cabeza y la primera palabras que se me viene a la cabeza es “literatura”. La palabra no me sabe desagradable, ni tampoco desconocida. De hecho me resulta reconfortante. Luego la asocio con historia, y en mi mente ambas se ligan de tal forma que ya no logro separarlas.

¿Eso es lo que tú quieres, Sasha?, me pregunta mi conciencia.

—Es que quiero muchas cosas—me respondo a mí mismo, dejando escapar mis palabras en el silencio de mi habitación—. Y tengo tanto que contarle al mundo…

Cojo mi celular y busco entre los contactos a Maikel, le envío un mensaje preguntándole para qué me necesitaba y luego, mirando en la bandeja de los demás mensajes que he enviado, encuentro los de Eureka.

Es una gran cantidad de mensajes.

Son muchas palabras.

Me pregunto sí…

Hola Eureka. ¿Cómo va todo?

Presiono el botón de enviar y el mensaje se va. Lo he hecho casi sin pensarlo. Sin darme el espacio de arrepentirme, porque realmente quería hacer esto.

Oh, pero qué sorpresa. El chico de la tibia a medio fracturar hace presencia.

—Tengo que mantener el contacto con mis fans. Es que están pendientes de cómo me recupero, tú sabrás.

—Modesto el chico éste.

Logra sacarme una sonrisa.

—Y ante todo, encantador.

—JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. Tonto.

Y me la imagino a ella riendo y pienso en como el blanco de sus dientes, el rosado de sus bonitos labios y sus ojos se vuelven una bonita mueca de gracia.

—¿Cómo ha estado tu día?

Eureka ha enviado otro mensaje, sin yo haberle podido aun responderle el anterior por estarme imaginando su rostro

—Pues, el instituto estuvo normal y justo ahora disfruto de la vista de mi techo.

—¡Oh, qué coincidencia!

—¿Tú también estás tendida en la cama?

—En la alfombra de la sala. Hace poco he terminado de aspirarla.

—Oh… que chica más limpia.

—Y hermosa, querido, que no se te olvide.

Eureka es única. No sé cómo demonios logra que suelte carcajadas. Pero de verdad que tiene razón.

—¡Cuanta modestia! Jajajajajajajaja—le respondo.

—Es una cualidad. Qué puedo hacer si nací con ella.

—Pues me estaba preguntando si dentro de tus cualidades habrá alguna que me conceda un poco de tiempo el día de mañana por la tarde. ¿Tengo que reservar cupo? ¿Mandar una carta por escrito?

—Déjame enviarte el papeleo por correo electrónico (>u<)

—¡Perfecto!—no sé por qué esto me hace tanta gracia—. Concertaré la cita en el papeleo para mañana a las dos de la tarde. ¿Está bien?

—¿Es una cita? (0_0)

—Una reunión, si quieres…

Tal vez esté tomándome demasiada confianza como para…

—Una cita está bien para mí…

…O tal vez no.

—Entonces será una cita (^u^)

—Te veo mañana, chico de la chimpinilla rota.

—Hasta mañana, Eureka. J

Hasta mañana…

Lunes 20 de diciembre de 2010.

Una oportunidad.

Es eso lo que merecemos darnos.

Una tan sola oportunidad más. A nosotros mismos.

Porque luego de rompernos por dentro necesitamos creer que podemos repararnos.

Nervio a nervio.

Latido a latido.

Vida a vida…

Nuestra propia vida.

Sasha.

 

firma volumen IV

¿Qué tal te pareció el capítulo? :)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s