Capítulo 48: Oso panda.

I wanna be a panda bear

El fin de semana se ha llegado rápido. Sigue nevando pero en moderada cantidad y dicen que para mañana tendría que cesar un poco la caída de nieve. Como hoy es sábado han comenzado en la televisión la maratón de películas de invierno, así que la idea de estar echado en el sofá todo el día es un poco tentadora, no obstante ahora no podré porque hoy es el día en el que tendremos que ir a ayudar a los gemelos con la celebración del aniversario de la guardería. Ayer en la noche hice una enorme pancarta con el dibujo de un oso panda que Maikel me pidió que le dibujara. No soy un Picasso haciéndolo, pero Lucas es un Van Gogh si de arte se trata así que él amablemente me ayudó.

Ok, tal vez haya sido de ayuda el hecho de que lo sobornara con frituras y café.

Lucas ha venido el día jueves. Me llevé una gran sorpresa al encontrármelo parado frente a casa cuando yo regresaba del instituto con Kathy. Me alegró tanto verlo de nuevo que corrí casi una cuadra para darle uno de esos saludos que tiran a la gente al suelo de la emoción. Tenía tanto tiempo que no lo veía y me emociona que ahora todos podamos pasar la navidad juntos. André dice que esperan poder hacer venir a Lila, mi otra prima, para fin de año. Ojala lo logren.

Desde que Lucas está aquí a André se le mira más contento, supongo que es porque ya no está separado de la persona a la que más quiere. Lucas supone para él una de las prioridades más importantes y ambos parecen felices juntos.

En fin, ahora pinto la pancarta y pronto amanecerá. Lucas se ha quedado dormido en el piso de mi habitación pues se ha estado desvelando conmigo haciendo el dibujo. Ayer sucedió lo mismo pero André vino a llevarlo a la habitación para que descansara. Me siento un poco culpable por hacer que me ayude hasta tan tarde, aunque Lucas dice que está bien, que a él le encanta dibujar y le encantan los pandas, es por eso que ahora nos acompañara a la cosa de la guardería.

¡Oh, se me olvidaba! André y Lucas tuvieron sexo el jueves por la noche. Lucas habló dormido. Creo que el pobre estaba muy cansado.

Termino de pintar el dibujo y miro la obra de arte como si fuese un crítico reconocido que está a punto de hacer pedazos la pintura de un artista. Quedó perfecta.

Voy a tratar de dormir un poco antes de que amanezca porque luego no me quedará mucho tiempo y no quiero andar cabeceando a medio evento. Me pongo ropa cómoda y antes de echarme a la cama le tiro encima una frazada a Lucas que duerme todo despatarrado en el piso. Apago la luz de la lámpara de mesa y dejo que la oscuridad me envuelva y renueve. Que el sueño me haga recobrar las fuerzas y que el cansancio se disuelva.

Sueño.

Tan solo sueño.

***

El sonido de la alarma del celular me despierta y reacciono todo azorado para apagarla. Me revuelvo entre las sabanas y froto mis ojos para ajustarlos a la luz. Miro hacia un costado y veo la pancarta del oso panda. Me parece más bonita que cuando me eché a dormir y me quedo contemplándola por un largo rato. Gracias a Lucas el oso panda se mira casi real. Miro hacia el piso y me encuentro a Lucas… y a André. ¿A qué horas llegó éste? Ambos yacen dormidos en el piso envueltos bajo la misma sabana, tratando de refugiarse del halito de frio que se logra colar en la casa.

Escucho a alguien resoplar.

Luego a alguien soltar un quejido.

—Luuuucaaaaas…—masculla André entre dormido y despierto.

—Huummmm—se revuelve éste. Acomoda su cabeza en el brazo de André y vuelve a quedarse dormido.

Escucho otra exhalación pero ésta vez no ha sido ninguno de ellos. ¿De dónde provendrá?

—André—se queja Lucas revolviéndose en el piso—. Quieres hacerte un poco más para atrás.

—¿Aaahh?

—Que te hagas para atrás. Tener tu pene tieso en mi espalda no es tan cómodo—masculla Lucas.

—Entonces deja de agarrarme los testículos que es por eso que está tieso.

No puedo evitar soltar una carcajada y ellos sonríen levemente. Este par de tontos lo hacen sabiendo que los estoy observando solo para hacerme reír, aunque lo del pene tieso de André puede que sea cierto.

—No te estoy agarrando los testículos—Lucas se da la media vuelta y se queda mirando de frente a André.

—Mierda, entonces solo lo soñaba—refunfuña éste.

Sonríen. Y no puedo evitar sonreír por ellos. ¿Así que era esto lo que extrañaba André? Era despertarse junto a Lucas y verlo a los ojos, era sonreírle, era bromearle y tenerlo cerca. Recuerdo entonces que hubo momentos en los que me sentí así con Cori. Ahora el sentimiento poco a poco cesa, pero no desaparece, solo se amolda.

—Mira, tienes el cabello algo largo— dice André a Lucas.

—Siempre lo he tenido largo—responde él.

André le besa en la nariz y aparta unos mechones de pelo de la frente de Lucas, ambos se sientan y se estiran un poco.

—Hacia tanto que no te veía que a mí me parece largo.

—Solo son dos pulgadas, deja de exagerar—Lucas se pone de pie y ayuda a André a pararse—. A parte solo han pasado unos cuantos meses.

—Para mí fue mucho.

Lucas se sonroja y a André parece hacerle gracia. Dobla la sabana y la deja sobre la silla. Mientras, yo, les observo divertido desde mi cama con su pelea—no—pelea pasando momentáneamente inadvertido.

—Para mí también lo fue—advierte Lucas.

Es casi como ver una telenovela con la dosis perfecta de humor y romance, solo que esto si es real. Tan real como que he vuelto a escuchar otro resoplido. ¿Quién demonios está haciendo eso?

—Oh, mira, tienes una erección—André señala la entrepierna de Lucas.

—¡Ah no jodas! ¿En serio?—tercia él con sarcasmo—. Mira quien lo dice, el señor “Le pego las bolas en la espalda a Lucas porque me excita”.

—Mi erección tiene sus motivos.

—Pues la mía también—se apresura Lucas a excusarse—. Por la mañana siempre pasa. ¿Verdad?—vuelve a verme, buscando apoyo.

Me encojo de hombros y asiento con la cabeza, dándole la razón.

—¿Lo ves?—agrega.

—¿Así que tu erección es cosa de la normalidad?—le interroga André enarcando una ceja.

—Pues si—responde alzando sus manos.

—Curioso.

—¿Qué es lo curioso?—le pregunta Lucas.

—Mi erección es por ti.

Suelto otra carcajada y es que es tan inevitable con ellos peleando por una tontera en mi habitación. Si Tránsito los escuchara seguro que llueve fuego. No es que a ella le fuera a hacer gracia escuchar una conversación sobre erecciones y sobre los motivos de ésta. A mí me parece tan estúpido que no puedo hacer más que reírme. En cuanto a Lucas tampoco ha podido contra André y optó mejor por reírse, al final ha perdido y la broma pudo más que la fingida discusión.

Siguen hablando tonteras en el pasillo y desaparecen hacia la cocina porque seguramente Tránsito ya está cocinando. Yo me quedo un rato más tumbado en la cama, esperando que la sensación copiosa de sueño pase. Miro nuevamente al panda y me percato que sobre la mesa también está mi diario. El lunes tendré que entregarle el proyecto al señor Donovan, pero aun no estoy realmente seguro de que quiera que lo lea, así que podría optar por no entregárselo, pero eso significaría también perder mi nota de semestre que vale una barbaridad. Negadamente he estado transcribiendo las anotaciones a otra libreta que compré para entregársela. No pienso darle el original porque esa tiene algo especial. Kathy me hizo una etiqueta para el diario que dice “Diario cero” y se la he pegado en frente. Dice que es para así saber que ese ha sido el primer cuaderno en el que he comenzado. También me ha regalado unas para los cuadernos empastados que ella me regalo, las etiquetas dicen Diario 1, Diario 2 y Diario 3. Me pregunto cuál escogeré para el diario 1. Me dan deseos de pegarle al que le entregaré al señor Donovan una etiqueta que diga “Copia chafa” pero desecho la idea porque cabe la posibilidad de que él piense que le omito cosas en esa copia, cosa que no sería cierta aunque los deseos no me faltan.

Al lado del diario está la pequeña caja que el señor Donovan me dio y que aún no he revisado con detenimiento. Era de Cori, es para mí, y si les soy sincero tengo miedo de lo que me pueda encontrar dentro de ella. Justo entre la caja y el diario está la llave que me ha mandado Cecilia. También recuerdo que tengo que ir a la casa de los gemelos y ver que hay en el cuarto de Cori. Son muchas cosas por hacer… y a algunas de ellas les temo solo por el hecho de que enturbien en mi algo que creo está comenzando a aclararse.

Un estornudo me saca de mis cavilaciones.

¡Mierda! ¿Es un fantasma? ¡Ihg! ¿Cori?

Algo se remueve debajo de la misma sabana con la que estoy acobijado. Un escalofrío sube por mi nuca y lo primero que se me viene a la mente es la niña del exorcista y la imagen perturbadora de su boca comiéndome el estómago a salvajes mordidas.

De un brinco me tiro de la cama y tropiezo con la silla lanzando una maldición que se ahoga entre las paredes de mi habitación. El bulto bajo la sabana se remueve y entre mi tan zafada imaginación intento ubicarme en la realidad y pienso que tal vez sea Kathy quien me está jugando una mala pasada.

Un quejido hace que compruebe que no es ella. No es su voz. No es un quejido que suene a Kathy.

—Mierda—una exclamación.

Esa voz…

—¿Mierda?—inquiero.

Un suspiro. Luego un bostezo y por ultimo alguien asoma la cabeza de debajo de la almohada, con su cabello pegado en la cara y dando otro estornudo. Oh, miren, solo era Karla.

¡Qué demonios hace Karla zampada en mi cama!

—¡Tú!—exclamo.

—Yo—dice ella somnolienta.

Se quita el pelo de la cara y se lo recoge sobre un lado de su hombro, sosteniéndolo entre sus dedos.

—¿¡A qué horas llegaste y cómo te metiste en mi cama!?

—Una hora antes de que despertaras, y solo me acosté y ya.

—¡¿Es que acaso no has pensado que pueda hacerte algo?!

Ella abre la boca como si fuese a decir algo pero al final solo se limita a encogerse de hombros. No sé si interpretar eso como un “No estoy segura” o un “No eres capaz”. Termino por irritarme.

—¿Qué hubiese pasado si yo hubiese querido tocarte?—apunto con desdén.

—¿Quieres tocarme?—me pregunta con una ceja levantada.

Esto me descoloca y en mi evidente desconcierto podría responderle que sí, pero si lo hago puede molestarse así que lo más obvio sería decirle que no. Pero si le digo que no entonces podría pensar que ella no es nada atrayente, cosa que no es cierta porque la verdad es que Karla es preciosa, pero es mi mejor amiga y… ¿Hasta dónde debería de tener permitido contemplarla?

—Me eché acá porque estaba también André y Lucas ¿Si?—dice, interrumpiendo mis entorpecidos pensamientos—. A parte, lo he hecho miles de veces ¿Ahora qué mosca te picó?

—Pues… pues… ninguna—mascullo.

—No sé qué te molesta. No lo hice con ninguna intención, así que no exageres el asunto—dice sacándose la sabana de encima. Se sienta en el borde de la cama y comienza a ponerse los zapatos—. Solo vine temprano, pensé que estabas despierto y como no lo estabas me recosté unos segundos en tu cama esperando a que despertaras y cuando menos acordé me había dormido.

Entonces solo fue eso…

—Oh, entonces tú…

—No lo volveré a hacer ¿Si?—ella parece molesta—. La próxima vez me echaré en la sala.

—¿Qué?—mascullo, y me sorprende el hecho de que mi voz suene con desespero y enfado—. ¿Cómo que en la sala? No vas a quedarte en la sala.

—Pues lo haré, porque tal parece que a ti te molesta que entre a tu habitación.

—No me molesta—me defiendo.

—Sí, si te molesta.

—Que no.

—Que si

—¡Qué no, por un demonio, puedes venir a recostarte a mi cama cuando quieras!—grito irritado—. Es solo que… me asusté, pensé que era la chica del exorcista que venía a comerme vivo—miento, no es porque me asustó, es solo que no quiero hacer algo estúpido de lo que pueda arrepentirme.

Hablaba en serio cuando le pregunté sobre si qué hubiese pasado si me hubiesen entrado deseos de tocarla. Soy un chico. Mis impulsos son de dudoso control. Y entre esos impulsos no quiero lastimarla. Sé que nos conocemos desde hace mucho, sé que Karla es lo más importante en mi vida, sé que la quiero como a nadie… pero ¿y si por uno de esos impulsos de adolescente inconsciente que tengo hago algo que arruine todo eso? Karla confía en mi… soy yo quien no confío plenamente en mí mismo.

—Lo siento—agrego—. No quería que pensaras que no me gusta lo que haces, es solo que… bueno, soy un chico Karla. Soy estúpido.

Ella me mira pensativa durante unos segundos y luego de terminar de amarrarse las cintas, se pone de pie, avanza hasta la puerta y se para justo antes de salir.

—Confío en ti Sasha—advierte—. Olvidemos esto… ¿Quieres?

—Por supuesto.

—Bien.

Noto en su voz un dejo de preocupación. No voy a dejar que algo se arruine. No ahora.

—Entonces… ¿Volverás a meterte a mi cama aunque yo esté durmiendo en ella?—inquiero, pero me sale más a tono de petición que a tono de pregunta.

Karla esboza una sonrisa y entonces sé que ya no está molesta y que sabe que yo no estoy molesto. Que lo que acaba de pasar solo fue una estupidez y que vamos a seguir igual. Me reconforta y me siento extremadamente bien por ello.

—No lo sé…

—Vamos, Karla—me acero a ella con los brazos extendidos y le doy un abrazo—. Di que sí.

—Oh, pero mira que cosas—dice ella sin poder evitar reír—. Tú pidiéndome que me meta a tu cama ¿quién eres y qué has hecho con mi Sasha?—se burla—.

—Ya, venga, deja de burlarte—la cara se me pone tibia—, que sabes por más sucio que suene el asunto no lo es.

—Bien, bien—suelta una pequeña risa—, seguiré haciéndolo. Ahora… ¿podrías quitarme tu pene erecto de mi cintura? Es incómodo.

¿Erecto?

Miro hacia abajo y noto entonces que sí, tengo una maldita erección. ¡Maldición!. Me doy la vuelta y trato de taparme atolondradamente con la sabana que ha dejado André sobre la silla pero es inútil, Karla ya lo ha visto y… ¡Ah, mierda!

—¿Eso sucede todas las mañanas?—me pregunta. Su curiosidad me hace sentir vergüenza de mí mismo. A ella parece divertirle.

—No… bueno… si, pero…

—¡Oh, entonces André y Lucas no mentían!

—¡Ya no lo menciones! Qué vergüenza—el reflejo de mi cara en el espejo de mi habitación me demuestra que tan apenado estoy. Parezco un tomate.

Karla suelta una carcajada y se apoya en el marco de la puerta con su hombro. Este interrogatorio no será nada cómodo.

—Esto es morbosamente gracioso—manifiesta con una sonrisa socarrona—.

—¿Qué es gracioso?—Kathy asoma por la puerta con un vaso de jugo en su mano.

—Sasha. O bueno, su erección.

—¿Tiene una erección?

¡Cómo diablos es que pueden decirlo tan naturalmente! Es complot. Esto es jugar sucio.

—Si—responde Karla.

—Creo que siempre sucede—manifiesta Khana encogiéndose de hombros.

—¿Quieres dejar de decirle esas cosas?—mascullo a regañadientes.

—Vamos pero si es la verdad—se excusa, dándole un trago a su jugo.

Siento como poco a poco regresa a la normalidad lo que tengo entre las piernas. No sé si es que la vergüenza ha logrado esto o si es que estoy comenzando a controlarlo. Es más probable lo primero que lo segundo.

—Deberías de fijarte con detenimiento—agrega Kathy.

—¿Por qué? ¿Sucede algo luego?—inquiere Karla, curiosa.

—A juzgar por el ángulo que se forma en la ropa que cubre sus gónadas reproductoras—a Karla le hace gracia que Kathy diga gónadas reproductoras—, podría decir que su herramienta es enorme.

—¡Kathy!—exclamo apenado.

—¡Enorme, querida!—exclama ella mirando a Karla con complicidad. Lo sabía, ellas disfrutan haciéndome esto—. Un monstruo.

Ambas se alejan riendo por el pasillo mientras yo trato de controlar mi estado de estupidez y vergüenza. Unidas son un peligro para mi integridad mental. Sin embargo esta me las voy a cobrar. Tengo algo que poder usar en contra de Kathy y se llama Maikel. A ella se le suben los colores cuando se lo menciono en plan de broma. Creo que el hecho de que te guste alguien te convierte en una paleta de acuarelas.

Paso a lavarme los dientes y bajo a desayunar. No me agrada mucho el sabor de las cosas luego de haber pegado una siesta así que es por eso que me cepillo dos veces, una antes de desayunar y una después.

Al comedor ya están todos comiendo y me siento junto a Karla. Pronto serán las ocho y tendremos que irnos para la guardería así que desayunamos sin contratiempos hablando babosadas como siempre. Incluso es más animado teniendo a Lucas porque André y él hacen las estupideces más graciosas de todas. Cuando se les une Kathy la cosa se pone peor. He estado a punto de morir atragantado como seis veces y se me ha salido una vez el jugo de naranja por la nariz de la risa. Ellos tres son todo un caso. Deberían de tener su propio programa de televisión, serían mil veces mejor que ese show barato que pasan los miércoles en la noche donde se supone que cuentan chistes pero a mí me saben más a palabras balbuceadas.

Terminamos nuestro desayuno y nos preparamos para salir. Afuera hace un frío desgraciado que puedo sentir que se me cala en los huesos. Mientras André saca el auto nosotros esperamos afuera, dejando huellas sobre la nieve que está en la acera.

—Me volveré una paleta—Kathy se encoge entre sus propios brazos, tratando de guardar calor.

—Te comerá Maikel—le digo.

Ella me lanza una mirada asesina, pero puedo notar como se sonroja. Es que me las cobraré todas.

—¿Qué tanto hace André?—Karla le da un punta pie a un montoncito de nieve—. Si no sale pronto literalmente nos haremos cubos de hielo.

Y como si escuchara nuestras quejas, sale con el auto y nos metemos todos apresurados en éste. Luego tendrá que regresar a por Khana, Nixon y Jennel. Ellos también dijeron que vendrían.

—Demonios, André, me estaba congelando—le dice Lucas que se ha sentado en el asiento junto al del conductor.

—Lo siento, no encontraba las llaves.

—Se me encogieron los testículos del frío gracias a ti—le rezonga.

—Pues te aguantas—se defiende—. Que ya vamos tarde.

Y sin más que agregar nos dirigimos hacia la guardería. Nos toma veinte minutos llegar hasta ella. Es un edificio bastante alto que parece que está abandonado, y de no ser por el gran rotulo que tiene arriba que dice “Panda & Balloons Nursery” la hubiésemos pasado por alto. Tiene poca pinta de lugar para cuidar niños, por fuera claro está, porque una vez entramos el ambiente da un cambio radical y se transforma en un paraíso para niños asediados por el azúcar y la energía de los carbohidratos.

Desde que cruzamos la puerta de la entrada todo es color. Nos recibe un gigantesco oso panda, nos entrega un globo y un cupcake decorado con crema batida y glaseado con azúcar de colores. Lucas no puede evitar quedársele mirando por un largo rato, a él le encantan los osos pandas, así que cuando empezamos a caminar él se queda atrás aun mirándole y tenemos que detenernos a esperarle.

Un segundo…

Ese oso panda.

—¡Simón!—exclamo sorprendido.

¡Por Dios! ¡El traje de oso panda le quedó excelente! De no ser porque Maikel me mostro una fotografía de Simón cosiendo el bendito traje habría dado por sentado que lo compró en alguna tienda de disfraces.

Él se quita la cabeza de panda de encima y nos dedica una sonrisa.

—Pensé que pasaría inadvertido—nos dice.

—¡Oh, querido, qué traje más precioso!—dice Kathy dando vueltas alrededor de él como quien observa un espécimen bastante peculiar.

Lucas está fascinado.

—Gracias. Lo he hecho yo mismo.

—¡Ihg! ¡Tienes que enseñarme!—dice Karla.

—Cuando quieras.

—¿Y tú para que quieres un traje de oso panda?—Pregunta André.

—Para ponérmelo ¡Dah!

Luego de lograr despegar a Lucas de la cabeza de oso panda que no quería regresarle a Simón pasamos a la sala de recepción donde una chica tras un mostrador nos atiende.

—Hola chicos, bienvenidos.

Todos contestamos al unísono con un hola.

—Soy Sasha—me presento—. Venimos todos de voluntarios.

—¡Oh! Los amigos de los gemelos—sale de atrás del mostrador y nos saluda a todos. Los demás se presentan también—. Pasen por aquí. Gracias por venir.

—Es un gusto.

—Es en serio, no somos suficientes manos trabajando y su ayuda nos viene de maravilla.

La chica nos conduce por un pasillo hacia un enorme salón donde nos encontramos a más personas decorando con motivos infantiles cada rincón. Hay globos por todas partes y muchísimos foquitos de colores colgando del techo. Un castillo inflable yace hinchado de aire en una esquina y preparan un tobogán que termina en una piscina de pelotas en la otra. Este edificio es enorme.

—¡Oh, por cierto!—recuerdo que traía algo para ellos—. Aquí está el dibujo que Maikel me pidió.

La chica lo coge y lo extiende para mirarlo mientras seguimos caminando. Me siento un poco impaciente por saber lo que piensa respecto a él. Lucas me da un codazo en el brazo y me guiña un ojo. Seguro que le emociona todo esto también, si al final él ayudo también en esto. Es su dibujo, es mi pintura.

La chica arruga la nariz y frunce su entrecejo. Se me cae el alma a los pies. No le ha gustado.

Llegamos a un cuarto que parece más una oficina y nos encontramos a Maikel que trabaja en el ordenador.

—¡Por un demonio, Maikel!—exclama ella al solo entrar—.

El voltea todo atolondrado y nos saluda.

—¿¡Por qué no me has dicho que uno de tus amigos podía hacer este tipo de cosas!?

Ella le extiende el dibujo y Maikel lo observa con detenimiento. Enarca una ceja. Genial, esto no podría ser peor. A ninguno le gusta.

—Eres bueno—me dice con voz calmada.

—¡Es que es perfecto!—exclama la chica. Ok, esto me confunde—. En serio, gracias.

—¿Entonces les gusta?—pregunto todavía incrédulo.

—Es precioso. El color y los trazos son perfectos.

Suspiro de alivio y vuelvo a ver a Lucas que me levanta su pulgar.

—Qué alivio—digo con una sonrisa—. Pensé por un segundo que no les había gustado.

—¿Bromeas?—advierte Maikel negando con su cabeza—. Es buenísimo.

—Luca lo ha dibujado—le señalo—. Yo solo lo he pintado. Mira, ahí abajo tiene las dos firmas.

—¡Esto se venderá por mucho!—exclama la chica.

Al menos el esfuerzo ha valido la pena y Lucas no se ha desvelado de puro gusto y… ¿Vender?

—¡¿Vender?!—exclamo—. ¿Dónde?

—Lo subastaremos—dice Maikel—. Será para recaudar fondos. ¿A caso no te lo dije?

La verdad es que si lo hizo, pero estaba tan empecinado en hacer el bendito dibujo que lo había olvidado. A Lucas parece emocionarle aún más de saber que su dibujo será vendido. Es una buena causa.

—Lo olvidé—me disculpo.

—Bien, los dejo porque tengo que ir a mi puesto—dice la chica—. Por cierto, soy Lena. Un gusto conocerles.

Se retira por donde llegamos y quedamos solos con Maikel en la habitación, que doy por sentado es una oficina porque está amueblada como tal, con estantes llenos de libros y un escritorio con papeles que parecen ser importantes.

—Creo que ya no hace falta que les presente a mi tía—dice él—.

—Se mira bastante joven—comenta Karla—.

—Solo es cuatro años mayor que mí—dice él—. No está tan vieja. Ella administra este lugar.

—Parece agradable—advierte Kathy, que todo este rato ha estado tan callada que me dan ganas de hacer algún comentario estúpido respecto a ella y a Maikel e incomodarla. Pero me abstengo. El karma puede castigarme.

—Es casi como una prima—señala él encogiéndose de hombros—. Nunca le decimos tía y ella no nos deja. Dice que la hace sentir vieja.

Maikel coge unos gafetes de su escritorio y nos pasa uno a cada uno. Los pequeños cuadritos de plástico tienen un nombre—nuestro nombre—, grabado y bajo éste en letras mayúsculas y pequeñas la palabra “ayudante”. Una cinta de color celeste hace que podamos colgárnoslo al cuello.

—Gracias por venir chicos—nos dice—. Pronto comenzarán a llegar las personas y no estamos listos del todo.

—No te preocupes—dice André poniéndose su gafete al cuello—. Dinos que hacer y nos movilizaremos.

—¡Perfecto!

Y sin más, salimos de la oficina y nos dividimos el trabajo. Maikel nos da indicaciones a cada uno y formamos parejas. Kathy con André, Karla con Lucas y Maikel conmigo. Más tarde se nos unirán nuestros amigos alemanes y Khana, ellos se encargaran de otras cosas para la jornada de la tarde.

A nosotros nos toca encargarnos de un cuarto en el cuarto piso del edificio. Maikel dice que tendremos que decorarlo con motivo expositivo porque será aquí donde se hará la subasta. Esta parte del edificio casi no la utilizan así que tenemos que limpiar un buen poco y ordenar tantas sillas como nos sea posible. A los demás les han tocado arreglar los otros pisos, supongo que también tendrán un motivo de decorado. Me pregunto cuál de ellos estará dedicado a la comida. He desayunado hace poco y tengo hambre de nuevo.

—Necesitamos unas luces aquí—dice Maikel.

—¿Qué tal si colocamos unas también al fondo, justo sobre el telón?—sugiero.

—¡Oh, buena idea! En el cuarto de utensilios hay unas sin color que guardamos la navidad pasada. ¿Podrías ir por ellas? Veré si comienzo a poner las cortinas.

—Claro.

Maikel me indica a donde está el cuarto de utensilios y bajo hasta el primer piso por las luces. Recorro un pasillo largo hasta que me topo con una puerta al final de este que tiene un pequeño letrero que dice “Utilería”. La puerta está abierta así que entro en busca de los foquitos pero todo está a oscuras y me veo en la tarea de buscar a tientas un interruptor.

Mi mano se topa con algo.

No es un interruptor.

Es la mano de alguien más.

Alguien grita, y ese grito no es mío.

Los fantasmas tal vez sean pelirrojos.

CONTINUARÁ.

Ending:

Próximo Capítulo: Domingo 30 de Junio de 2013

Autor: Luis F. López Silva.

Todos los derechos reservados ©

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