Capítulo 46: Vintage.

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Ácido. Así sentí el paladar durante unos breves segundos y luego vino el sabor amargo que provocó que se me tensaran los músculos de la mandíbula y me doliese la boca. Tuve incluso que parpadear un par de veces para asegurarme de que lo que estaba delante de mí, sentada en la acera, era ella. La misma chica extraña que me encontré el primer día de clases en el instituto y la misma chica que nos llevó la comida cuando estuvimos en aquel lío tan demencial en el que escapamos por poco a salir vivos. Sin embargo, algo hay de diferente. No estoy seguro el qué, pero Gaby parece tener algo de distinto.

—¡Agárrame que a esta puta la mato!—gritó Karla, impulsiva.

Karla se estremeció y con la iniciativa de írsele encima a Gaby puso en marcha su cuerpo. Su rostro parece molesto y sus manos se miran muy dispuestas a darle más que una bofetada a la chica. Si no la revuelca por el suelo, seguramente va a ahorcarla.

Gaby se pone de pie, lista para defenderse, pero antes de que Karla pueda tan siquiera dar unos pasos la tomo por los brazos y la detengo. Esto no vale la pena. No ahora. Se suponía que esa parte de lo que vivimos ya la habíamos dejado atrás. Se suponía que era una página que ya habíamos pasado, incluso arrancado de nuestra vida y tirada a la hoguera del olvido. Sin embargo es más que evidente que alguien ha venido para rescatar ese pedazo de ceniza, y esa persona es Gaby.

—Cuidado con lo que dices, Annell, yo…

—No me llames por mi nombre, que te voy a arrancar la cabeza si vuelves a hacerlo—vocifera Karla.

—¿Qué haces acá?—pregunto.

Es extraño, pero pensé que al menos se lo diría con desprecio. Sin embargo, no puedo. No lo entiendo en su totalidad, pero el odio que llevo por dentro respecto a lo que pasó se enfoca en Liam. Todo en él y creo que prefiero que sea así. Sin embargo, a pesar de que no siento rencor por Gaby, ni por Benny—que aunque lo sintiera a él le daría igual si al final de cuentas está muerto—, siento un ligero remordimiento. Uno muy pequeño que no me deja comportarme como normalmente lo hago, no frente a ella.

—Tenemos que hablar—advierte. Volvió su mirada hacia mí y me la sostuvo por unos segundos.

—Pues habla—mascullo, enarcando una ceja, esperando a que ella diga lo que tenga que decirme, y en mis adentros, esperando a que se vaya rápido. Karla no parece muy a gusto—. Te escucho.

Gaby miró furtivamente a Karla y luego regresó su mirada hacia mí.

—No, no aquí, ni con ella.

A Karla pereció irritarle más esto, y en cuanto a mí solo logró inquietarme. Aun no estoy totalmente seguro del hecho de que Gaby esté aquí. Si nos mira alguien de la casa entonces eventualmente no podré con todos para evitar que la despedacen. Y considerando la impulsividad de Kathy estoy seguro que Gaby pudiese en algún punto de todo esto quedar parapléjica. Kathy tiene mucha fuerza.

—Mira, si piensas que él irá contigo a alguna parte entonces estás muy equivocada—señaló Karla. Se ha soltado de mis manos y ha cruzado sus brazos—. ¿A caso nos crees estúpidos?

—Debería de recordarte que fuiste lo suficientemente estúpida para acudir cuando Liam los citó a ese chico y a ti—el tono despectivo con el que mencionó a Liam me ha parecido curioso, sin embargo, no deja de ser extraño.

—¡Ah! ¡Es que quiere que la mate!—exclamó Karla furiosa y estuvo a punto de tirársele otra vez encima a Gaby, quien retrocedió un par de pasos ante el evidente enojo de Karla.

Por suerte volvía a retener a Karla a tiempo.

—¡Suéltame Sasha!

—¡Si te suelto, vas a matarla!—exclamo.

—¡Exacto!—me responde con tono exasperado—. A veces hay que dejar que el ciclo de la vida se cumpla, y ésta—Karla volvió a ver a Gaby con una mirada que de haber sido cuchillos la pobre chica ya fuese un colador—, me pide a gritos que le ayude a cumplir el suyo.

Gaby no parece alterarse en lo más mínimo por la conducta de Karla. Es más, parece aceptarlo con total naturalidad, como si pensara que eso es lo que se tiene bien merecido. Jamás en la vida he pretendido juzgar a nadie, ni tampoco decirle qué le corresponde y qué no, si al final de cuentas somos nosotros mismos quienes nos damos aquello que creemos merecer. Tal vez Gaby crea que se merece esto. Tal vez ella no esté tan lejos de ser como Benny, a quien estoy seguro que Liam le jugo una de las malas para meterlo en todo aquel embrollo. Tal vez está aquí, ahora mismo, porque es algo realmente importante, pero eso no le quita carga a nada de lo que hizo.

—En la plaza, frente a Puffle—dice Gaby, mirándome fijamente—. Voy a esperar ahí lo que sea necesario.

Gaby mira por última vez a Karla y con una breve inclinación de su cabeza que es más a modo de disculpa que de despedida, se da la media vuelta, mete las manos en las bolsas de su suéter y se sube a un auto que está aparcado a unos diez metros delante de mi casa.

Nos quedamos parados en aquel punto frío e inerte del exterior mientras vemos a la chica alejarse hasta perderse en una curva. Parece increíble, en el más amplio sentido de la palabra, pues es algo que aún no termino de creerme, y Karla no está menos que yo porque mantiene sus labios fruncidos y su cabeza ladeada, desconcertada por lo que acaba de suceder.

—Está loca—advierte finalmente ella. Vuelve a verme, esperando a que diga algo al respecto.

—Quien sabe.

—¿¡Como que quién sabe!?—refunfuña—. ¡Casi nos mata!

—Liam—la corrijo—. Él casi nos mata.

—Ella estaba con él—advierte desdeñosa. Su entrecejo aún está fruncido y parece realmente molesta—. No sé cómo es que tiene ovarios para aparecerse por aquí tan fresca y decir de la manera más hipócrita que quiere hablar contigo.

—No lo sé.

—Además—continúa ella, alzando sus brazos en evidente estado de irritación—. ¿En dónde ha estado metida todo este tiempo? ¿Por qué no le vi ni un solo pelo cuando se hizo el juicio?

—No lo sé.

Karla exhala, dando un fuerte puntapié a una piña que se ha caído de uno de los pinos y la lanza por los aires varios metros tras de mí. Sí, en definitiva, ella está molesta.

—Será una zafada si cree que iras—agrega.

—No lo sé.

Karla se detiene entre tanto jaleo y vuelve a verme con evidente sorpresa. No sé qué es lo que veo ahora en sus ojos, no distingo si es aflicción o es dolor, no sé si es preocupación o un inminente enfado por mi dejadez.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Bueno, es que yo…

—¡No vas!

—Pero…

—¡Dije que no vas y punto, Sasha!—me grita. Pocas veces lo ha hecho, y cuando lo hace es entonces porque está realmente preocupada y no piensa dejar que haga algo estúpido—. ¿A caso crees que puedes ir por ahí creyendo que puedes hacer lo que se te plazca en bien de lo que consideras correcto porque piensas que el mundo es un lugar lleno de cosas bonitas, paz y perdón?

—Karla, yo no pretendía…

—¡Pues no lo es!—corta mis palabras. Sus ojos se han puesto vidriosos, y su aliento se diluye de su boca en nubes de vaho que se difuminan en el frío aire—. El mundo no es eso ni mucho menos es mejor. Si aquella vez no pude hacer nada, entonces ahora no voy a permitir que pase de nuevo. No voy a dejar que pases por lo mismo otra vez.

Sus últimas palabras se ahogan en un sollozo en el que se ve obligada a apuñar sus manos con fuerza y encorvarse de hombros, cabizbaja. No pensé que esto fuese a ser tan malo. No pensé tampoco que a Karla le fuese a parecer tan doloroso. Simplemente, como siempre, no me detuve a pensar, y ahora Karla está llorando. No quiero que lo haga. No quiero que se sienta triste, jamás.

Me acerco con lentitud a ella, pero Karla retrocede un paso. Está molesta. Molesta porque en mi evidente confusión no me he dado el pequeño espacio para considerar que lo que ella me dice es porque me quiere y se preocupa por mí. Sin embargo, quiero enmendar eso, y me siento muy mal en el fondo porque fui, aunque por un momento muy efímero, alguien egoísta que hizo algo sin tomar en cuenta a Karla. Sin tomar en cuenta algo que en cierta medida ha parecido que lo que ella me dice no me importa. Y lo peor del caso es que así fue. Cuando le respondí que no sabía si iría, lo hice dejando de lado lo que ella pensara.

—Karla, lo siento—me acerco un poco más, pero esta vez ella no retrocede, solo desvía su rostro hacia a un costado, evitando mirarme.

La abrazo, con fuerza y lo más delicadamente posible hasta que puedo sentir el calor de su cuerpo mezclándose con el mío. Karla aún mantiene sus manos apuñadas y las lágrimas siguen bajando en silencio. El olor de su cabello, la suavidad de su rostro, su cuerpo menudo que encaja perfectamente entre mis brazos y se acomoda con total exactitud en mi pecho… todo me parece tan frágil que me da miedo destruirlo y con timidez trato de hacer que ella se dé cuenta que realmente lo siento.

—No pretendía hacer que te sintieras de esta manera Karla—le susurró al oído. Beso su frente y acomodo mi mejilla sobre su cabello. Karla logra encajar su rostro en mi pecho y levanta sus manos, aferrándose a mí—. Lo que hagas o digas es importante para mí. Te quiero, y lo sabes.

—A veces siento que no me haces de lado Sasha—solloza.

—No, nunca lo haría—murmuro—. Es solo que en muchos casos no encuentro la manera correcta de hacerte ver que me preocupas más tú que yo mismo. Por favor comprende que no puedes vivir todo el tiempo pensando que soy tu prioridad Karla—la abrazo con más fuerza, como si temiera que ella pudiese derrumbarse, como si me preocupara que ella ya no tuviese fuerzas para sostenerse—. Y tampoco quiero que creas que no me importas. Vales tanto para mí que eres mi prioridad; la más importante de todas.

Hacemos silencio por un rato, dejando que la brisa fría nos envuelva y que la luz del cielo se apague de a poco, pero Karla también tiene cosas que decirme, y al igual que yo, tiene buenas razones.

—Tampoco puedo ser tu prioridad siempre Sasha.

—Entonces estamos en las mismas—sonrío, y noto como Karla hace lo mismo—. Y ambos sabemos que no vamos a dejar de hacer lo que hacemos pase lo que pase.

***

Son las siete de la noche y todos estamos reunidos en la cocina. Maikel y Simón también han venido. Carol y Darién están acá. Tránsito está en la cocina y Karla y Kathy le ayudan a preparar las cosas.

Me parece gracioso el hecho de que se suponía que esto fuese una cena sorpresa, pero ya sabía de antemano de ello así que fingí sorpresa cuando al entrar Tránsito me lo contó. Lo que si no me esperaba era todo lo que habían hecho para esto. Es tanta comida que seguramente durará algunos dos días en el refrigerador, hay tanto postre que creo que para la otra semana ya tendré diabetes y la mesa está tan meticulosamente arreglada que me da hasta pena y miedo tocar algo y arruinarlo, porque se mira bastante bonito. ¡Oh, sí! ¡Hay algo más! He recibido una carta de Penny deseándome feliz cumpleaños. Eso sí me sorprendió.

¿La recuerdan, cierto? La prostituta, que cabe decir que ya no es más una prostituta y que por cierto no me siento a gusto pensando que era una prostituta. Con lo buena persona que es. Sin embargo las circunstancias en las que la conocí fueron bastante peculiares. Una hamburguesa, mi auto, un demente persiguiéndonos y una hermosa lluvia de estrellas. Si, peculiares, pero no me arrepiento de ninguna.

Posdata mental: debo de hacer un recuento de cuanta gente extraña he metido a mi casa.

Posdata numero dos: gracias al cielo ninguna de ellas ha resultado ser un asesino en serie que haya estado a punto de desollarme vivo.

Han servido la comida y Carol ha ayudado a repartir la bebida. Es bastante linda cuando lo hace porque se esfuerza bastante por sostener el jarrón con té helado, pero cuando Maikel se ofreció a ayudarle ella se negó y lo hizo sola. Solo me recuerda a lo empecinada que es Kathy, que por cierto ha llamado a Carol su aprendiz.

—Está niña es mi otro yo—dice Kathy con cierto dejo de grandeza.

—¿Torpe?—se burla André.

—Ja—ja—ja—rie ella con sarcasmo—. Linda, decidida y sobre todo inteligente—advierte con tono orgulloso, poniendo sus manos en su cintura y sosteniendo en una de ellas un chucharon. Carol la imita y pone también sus manitas en su cintura y Kathy le da unas palmaditas en la espalda a modo de felicitación—. Bien hecho querida, tu pose ha mejorado.

No puedo evitar soltar una carcajada cosa a lo cual Maikel y Simón se me unen. André ha intentado no reírse pero no lo ha logrado y deja escapar su risotada, y en definitiva, Carol es como Kathy en muchos aspectos, pero a la vez también es tan igual a mí. Cada gesto que veo en ella, cada paso que da, cada sonrisa que esboza, cada mirada; en todo me veo reflejado. Y si la observo detenidamente, me doy cuenta que en su rostro puedo percibir ciertas de mis facciones. Pestañas largas, ojos azules, una nariz pequeña e incluso ese pequeño lunar en su cuello. A Carol la quiero mucho, y créanme que el cariño que le había tomado antes de darme cuenta que era mi hermana era de proporciones inmensas. No saben cuánto amor le tengo ahora que sé que somos familia y las palabras no me serían suficientes para expresarles todo lo bueno que deseo para ella. Esa necesidad de protegerla ahora se ha acentuado más, como si el instinto de hermano mayor hubiese nacido en mí y ahora ha aflorado con una veracidad aplastante. Si les soy sincero, desearía que existiera una burbuja que la protegiera de este mundo… pero muy en mis adentros sé que la mejor manera de protegerse de él es exponiéndote y tratando que la inmunidad a este aparezca de a poco.

Nos preparan en este mundo para sobrevivir, pero nadie en la faz de la tierra nos prepara para vivir.

Damos gracias por la comida y luego nos disponemos a cenar. La comida está realmente buena, y a pesar de que estoy tan acostumbrado a todas estas delicias Tránsito nunca deja de sorprenderme. André tampoco pasa por alto esto porque hace evidente el hecho de que la comida está sabrosa y Tránsito se mira realmente halagada por el asunto. Yo siempre se lo digo, y es que es imposible no hacerlo porque cada bocado es una explosión de sabores en tu boca. ¡Oh, dulce manjar de los dioses!

—¿Qué les parece la cena, chicos?—le pregunta Tránsito a los gemelos.

Simón levanta su pulgar en señal de aprobación porque se encuentra con la boca tan llena que pareciera que se va a atorar. Tránsito esboza una sonrisa de oreja a oreja al verlo comer tanto.

—Necesito a una mamá como usted—le dice Maikel, llevándose un bocado de puré de patatas a la boca—. Esta comida es el cielo.

—¡Oh, querido, que amable!—Tránsito se sonroja.

—El guisado también está perfecto—agrega.

—Ese lo hizo la torpe—dice André, atiborrado de comida. Parece que estuviese haciendo competencia con Simón porque se miran furtivamente y cada vez que lo hacen se zampan más comida—.

—Deja de llamarme torpe, torpe—rezonga Kathy.

—Bien, bien, ¿corazón?—se rie André. Se escapa a atorar y toma un gran sorbo de agua para pasar el bocado—.

—Mucho mejor—se rie Kathy—. Torpe.

—¡Oye!

Más risas. La cena no es tan distinta a las de siempre. Normalmente así transcurren, entre charlas y risas, entre las ya ensayadas peleas de Kathy y André para hacernos reír y con una comida realmente buena.

—¿En serio lo has hecho tú?—pregunta Maikel.

Kathy se encorva y asiente tímidamente. ¡Ajá! ¡Se ha sonrojado! Sin miedo a equivocarme puedo decir que algo pasa entre estos dos.

Maikel sonríe y se lleva a la boca otro trozo de guisado.

—Podría vivir comiendo esto—advierte con su mirada fija en su plato. Maikel también se ha sonrojado—. Está delicioso.

—Ya, ya, me quitarán el hambre—se burla André y eso solo causa que Kathy y Maikel se encojan en sus sillas y se sonrojen más.

Karla vuelve a verme y yo me encojo de hombros. Supongo que ella también ya se dio cuenta de ello y estoy seguro que está pensando lo mismo que yo. Me pregunto que irá a resultar de todo esto.

—Mamá dice que cuando estás enamorado el guisado queda mejor—menciona Carol en su tierna inocencia.

Lo ha dicho con tanta sinceridad, inocencia y sobre todo seriedad que no podemos evitar estallar en risas. Incluso Simón que ha escapado a atorarse con la comida y Tránsito que por poco se le sale el té helado por la nariz. Kathy se ha puesto tan roja como un tomate y Maikel tiene las orejas tan rojizas que pareciera que ambos arden en fiebre.

La cena transcurre con bastante normalidad y para el postre ya es tan tarde que Maikel y Simón no podrán quedarse. Les hemos dicho que los iríamos a dejar en el auto pero ellos insisten en que tiene que ayudarle a su padre con unas cosas para la celebración del aniversario de la guardería. Es una lástima que no hayan podido esperarse al pastel. Cuando se van se me ocurre que pueden pasarse luego a comer el postre, si al final hay suficiente como para alimentar a un batallón. Darién tampoco puede quedarse porque tiene unas cosas pendientes con el señor Hamilton. Tal parece que es respecto a las jaleas que ella hace. Según me contó hace poco sus jaleas se venderán en las tiendas Wal—Mart muy pronto y están viendo unos planes de distribución y venta con las tiendas y sus respectivos administradores. Me alegro por ello. Así que tal parece que ahora tenían una reunión por la noche para arreglar unos asuntos al respecto y ha tenido que retirarse. Hemos llamado al señor Hamilton para que venga por ella y el amablemente ha venido. Tránsito le dio unos cuantos flanes para él y su esposa y su hija.

He insistido en que Carol se quede, cosa a lo cual no hubo inconveniente. Ella también parece emocionada por quedarse. Al final es también su cumpleaños y ahora que sé que existe un vínculo más fuerte que me une a ella no pienso pasar este día tan especial sin Carol.

Como no hay cumpleaños sin pastel luego del postre nos sigue una suculenta tarta con frutilla encima. No sé dónde demonios va a caberme esto, pero sí de pastel se trata Sasha no va a negarse. No señor. Como al final todos estamos tan llenos, esperamos a que la comida nos rebaje un poco y mientras tanto miramos televisión.

—André, hijo, me siento casada—dice Tránsito dando un enorme bostezo—. ¿Me hablas luego de una hora para partir el pastel? Estaré en mi habitación.

—Oh, por supuesto, descanse un poco, yo le avisaré.

Tránsito se retira y nos deja a nosotros cuatro mirando una película chafa en blanco y negro. Karla está conmigo en el sofá, recostándose en mi hombro, y Carol está con su cabeza recostada en mis piernas. Kathy en uno de los sillones se entretiene con su móvil y André parece bastante atento a lo que suceda en la tv. Me pregunto por unos momentos como hubiese sido este cumpleaños si Cori estuviese aquí. Me hace falta, lo admito, y no he de ser el único que lo echa de menos. Lo extraño a mi manera, pero ahora no me duele pensar en él, sino más bien me siento ligeramente feliz, porque todo lo que tengo de él en mis recuerdos es algo realmente hermoso. Pero de cualquier manera, eso no suple su presencia. A veces me gusta creer que lo que ha pasado no ha sido más que un sueño, pero luego regreso a la realidad y me percato que pensar de esa manera es un tanto ridículo. Es querer tapar el sol con un dedo e intentar olvidar, cosa que no quiero, pero entonces me invade la nostalgia y eso no me permite dejar atrás lo que pasó. Saben, normalmente como personas solemos pasar de aquellas cosas que nos han hecho felices cuando encontramos algo que nos da aún más felicidad, y admito que en estos momentos soy bastante feliz, pero en mi caso, no sé ustedes, arrastro conmigo también aquellas cosas que me han hecho sentir pleno y a gusto con mi vida en algún punto de mi pasado. No lo sé, tal vez solo me encante sentir nostalgia, o simplemente no quiero despegarme de una parte de mi vida que se ha quedado atrás. Es como si yo estuviese en el centro y con una mano me agarrara de mi pasado y con la otra me aferrase al presente que transcurre, y a medida que el tiempo pasa mis brazos se estiran, intentando mantener ambos momentos unidos a mí. Si hay una verdad en este mundo es que a medida que pasa el tiempo todo lo que vives mantiene distancia, tanto de ti como de una cosa y otra. Ayer pudo haberte sucedido algo y ahora sucedió otra cosa igual de buena, pero entre ayer y hoy hay un espacio y cuando se llegue mañana, el espacio será más grande. Concluyo tal vez que yo simplemente intento acortar esas distancias, aferrándome a todo lo que me hace enamorarme de esta vida. ¿Y tú, lo haces?

La película en blanco y negro casi ha terminado y a pesar de que ha tenido un final muy predecible me ha resultado entretenida. Carol se ha quedado dormida y solo han pasado 45 minutos, pero pronto será momento de partir el pastel. Además son apenas las diez y esto solo comienza. Seguramente hoy no dormiremos y a juzgar por la cantidad de azúcar que nos hemos hartado, porque no fue comer, fue hartarse hasta la medula, podríamos estar despiertos por dos días más.

Carol bosteza, se acomoda y vuelve a dormirse. Se mira tan tierna e indefensa que me dan ganas de darle un abrazo de esos de oso. Karla parece percatarse de lo que cruza por mi cabeza y sonríe mientras aparta un mechón de cabello del rostro de Carol.

—Se parece a ti cuando duermes—dice Karla—.

—¿Una piedra?

—No, baboso—ríe—. Solo se parece a ti. Deberías de verte cuando duermes.

—Si claro, como si fuera tan fácil ver como duermo cuando soy yo el que duerme.

Karla vuelve a reír, recuesta su cabeza en mi hombro y suspira. Suspiro. Y luego, ambos suspiramos al mismo tiempo. Pareciera que competimos por ver quien suspira más hondo.

—Solo mírala, y es como que te veas a ti mismo—advierte—.

Creo que es momento.

—Eso mismo pienso yo—digo, mirando fijamente a Carol.

Creo que debería de decírselo.

—Aun no me explico por qué es que no me daba cuenta de que había una casa tras el bosque—dice Karla—. Jamás me había percatado… ni me explico cómo es que llegaste ahí.

Voy a hacerlo.

—Chicos…

André y Kathy levantan su cabeza y vuelven a verme, Karla también vuelve su mirada hacia mí y por unos momentos me siento ligeramente aturdido. Aun no sé cómo hacerlo pero creo que ahora que puedo debería de sacarlo a flote. Siento nauseas por unos instantes y el estómago se me revuelve, pero trato de respirar hondo y con regularidad, intento calmarme y por unos momentos llego a creer que voy a vomitar, pero lo único que vomito son palabras. Apresuradas y muy poco explicadas.

—ADN—digo.

—Ácido desoxirribonucleico—dice Kathy—.

—Carol, ella…—las palabras me salen cortadas y respiro nuevamente profundo.

—Genial, tanta azúcar te atontó—resopla Kathy—. André, querido, ¿Dónde están las pastillas para la indigestión?

—En la alacena, a la izquierda de las sales.

—Aléjate de mí doble que vas a vomitarla—se burla ella poniéndose de pie.

—¿Qué? ¡No!—las palabras de Kathy me provocan risa y logro calmarme un poco—. Vuelve a sentarte—le digo.

Kathy toma asiento y vuelvo a tener la atención de todos.

—Hay algo que tengo que decirles respecto a Carol… y a mí.

André, que estaba hecho un ovillo en el sillón se reacomoda y Karla se yergue, todos a la expectativa a que hable. Kathy incluso ha dejado su móvil de lado.

—Para el funeral de Cori… sucedieron muchas cosas—comienzo. Respiro hondo y ordeno mis ideas y una vez creo tener todo en orden continúo—. Y una de ellas fue la llegada de correspondencia, la del instituto de genética.

—Tus padres eran socios de allí, ¿Verdad?—pregunta Karla.

—Sí, lo eran. Pero la correspondencia de ese día no era nada referente a su trabajo—André enarca una ceja, como si intentase descifrar de que va todo, pero parece confundido—. Era sobre una prueba de ADN.

—¿Sobre ti?—pregunta Kathy con evidente confusión.

Niego con mi cabeza y por unos momentos me detengo a contemplar a Carol. Ella es tan ajena a todo esto que no sé cómo decirle cual es el lazo que nos une y también tengo miedo; miedo a como ella pueda tomarlo. Carol puede ser a penas una niña, pero si considero el hecho de que Carol es parecida a mí, a sus siete años ya ha de haber sacado sus propias conclusiones de este mundo.

—El examen era de Carol—la atención de todos se torna sofocante. Ahora no me miran, sino más bien me examinan—. Mi padre… él también era el papá de Carol.

Hago una inspección rápida a mi alrededor y me percato de una tan sola cosa: Ellos están más impactados que yo por el asunto. A Karla pareciera que se le ha bajado la tensión porque hasta se ha puesto pálida y Kathy ha escapado a ahogarse con su propia saliva. Por su parte, André, pareciese que va a decir algo pero su boca solo se mantiene abierta.

—Estas diciendo que…

—Si—interrumpo a Karla—. Carol… ella…yo… somos hermanos.

Decirlo es como quitarme un peso de encima. Verlos a ellos tan asombrados es como ver la pintura del grito en la expresión más humana posible.

—Esto es… increíble—musita André.

Vuelvo a ver a Karla y en su rostro puedo leer asombro y desconcierto.

—Lo siento—le digo—. No sabía cómo manejar esto y por eso no te lo había dicho—. Vuelvo a ver a Kathy y André y también me disculpo con ellos—. Creí que ya era hora de que lo supieran.

Karla vuelve a ver a Carol y luego a mí y otra vez a Carol. Sonríe, dejando escapar un largo suspiro y acercándose más a Carol para observarla mejor.

—Eso explica por qué tanto parecido. ¡Incluso los ojos!—advierte con sorpresa—. Cómo no pude verlo antes.

—Yo la verdad es que no me lo esperaba—manifiesta André.

—Tesoro, esto nadie de los aquí presentes lo esperaba—apunta Kathy—. Parece casi de telenovela. ¿Por qué esperaste tanto?—me pregunta.

—No esperaba Kathy. Simplemente no sabía cómo hacer esto.

—¿Crees que puedas manejarlo?—inquiere André preocupado.

—Estoy en ello—digo encogiéndome de hombros—. Siendo sincero, me emociona. Me siento como el hermano mayor.

—Eres el hermano mayor—André me sonríe—. Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo—vuelve a ver a Karla y a Kathy que asienten con su cabeza— y con ellas también.

—Te ayudaremos en lo que podamos Sasha—dice Kathy—.

—¿Carol ya lo sabe?—me pregunta Karla.

—No, aun no. Pero espero la oportunidad para poder decírselo.

—Cuanto antes mejor—sugiere André—.

—Lo intentaré—musito. Me siento aliviado, muy muy aliviado. Saber que cuento con su apoyo en esto me alegra y el peso es menor. Sin embargo esto no termina aun, hay ciertas cosas que aún tengo para decir, pero esta vez es solo para Karla. Espero poder hacerlo pronto—. Haré lo mejor que pueda.

Se pasa lo que restaba para la hora y sin que fuésemos a despertarla, Tránsito ha bajado. Carol parece también haberse sincronizado con ella porque se despierta preguntando por pastel, así que sin demorarnos nos vamos a la cocina a partirlo. En el pastel han colocado dieciocho velas en la mitad de éste y Kathy como siempre tan precavida ha comprado varias velas demás y en la otra mitad del pastel coloca siete.

Apagan el foco y todo queda tenuemente bañado por la titilante luz naranja de las velas. Le he puesto a Carol un gorro de cumpleaños y está sentada en mi regazo, ambos detrás del pastel. Tránsito, las chicas y André se han puesto a cantar feliz cumpleaños y nuestros nombres, el de Carol y el mío, suenan al final de cada estrofa.

Todo parece ser una película, que transcurre tras una bella escena de felicidad efímera en un día especial, pero la verdad de las cosas es que esta es la vida real, estas cosas también suceden. ¿Qué más podría pedir en estos momentos? Tengo a las personas que amo conmigo, tengo a Carol, vivo mi vida y sobre todo soy feliz.

—Pide un deseo Carol—le susurro al oído.

Ella parece feliz, y con esa hermosa sonrisa infantil que posee y esos ojos tan azules y vivos me hace sentir tan contento por todo esto que en cierta medida por unos momentos siento que no me falta nada. Carol sopla las velas y cuando lo hace beso su mejía y le digo cuanto la quiero, cuán importante es para mí y que estaré ahí para ella cuando me necesite. El flash de la cámara captura el momento y todo se queda detenido en una imagen, que vuelve a repetirse pero esta vez soy yo quien sopla las velas y es Carol quien besa mi mejilla y que me dice que me quiere. Siento que voy a llorar, y no sé por qué recuerdo a mis padres, recuerdo a Cori, recuerdo a Penny y a Ana, recuerdo a Alice y a Eunice, recuerdo a Darién y a mi abuela, y pienso en Karla, pienso en André, en Kathy y en Tránsito.

Todos y cada uno de ellos han logrado en mi hermosos recuerdos… todos y cada uno de ellos son, con mucha seguridad, mi vida.

Miércoles 15 de diciembre de 2010.

Crecemos. Eso sin duda es algo que no podemos evitar. Maduramos y nos convertimos en buenas personas. Eso sin duda es algo difícil de lograr. Sin embargo puedo decir con seguridad que esto último depende de nosotros, depende de nuestro esfuerzo y de cuanto nos permitamos ser felices y de cuanto le permitamos a la vida demostrarnos que también puede ser hermosa.

Exponte al mundo y deja que el mundo se exponga, pero hazlo con mesura porque dejarte entrever por quienes lo habitan lacera en gran medida nuestra sanidad y puede llegar incluso a volvernos personas de corazón duro. Si te es más simple, entonces exponte a quien está dispuesto a aceptarte cómo eres, si, a esas personas que te quieren como eres y que están dispuestas a echarte una mano sin importar las circunstancias. Considéralas a ellas tu mundo y entonces verás que ser como realmente eres, ante ellos, logrará que tengas lo mejor de lo mejor.

A veces me gusta pensar que el mundo es una gran pintura vintage de tenues colores pasteles, pero… ¿Saben una cosa? Tal vez lo sea, al menos mi mundo. Conservando el pasado en el presente y tratando de la mejor manera de acomodarlo en una vida que no se detiene a esperar por nadie.

Tal vez sea momento de darle la bienvenida a una nueva etapa en mi vida; tal vez sea también momento de fijarme nuevos objetivos.

Sasha.

***

En mi habitación: una de la madrugada con veinte.

Carol está durmiendo en la habitación de Kathy. Luego de comer pastel esas dos parecieron muy emocionadas de hacer una supuesta pijamada. El azúcar las aceleró supongo, pero hace como quince minutos dejé de escuchar risas y todo eso y parece que se quedaron dormidas. Incluso André creo que se les unió y se pusieron a tontear y a hacer peleas de almohadas. Carol seguramente se ha divertido.

Karla se ha quedado a dormir acá. Y por si se lo preguntan, sí, está en mi habitación. Curiosamente Tránsito no ha puesto pegas a esto y no protestó porque se quedase conmigo. Vamos, que somos amigos, y tal y como sucedió hace algunos años en su casa, estamos mirando el techo, recostados en la alfombra.

—Así que… tienes dieciocho—me dice, dándome un codazo en el brazo—.

—Así que… tú también—le digo devolviéndole el gesto. Me doy la media vuelta y me apoyo en mi brazo—.

—Si tienes razón. No es tan gracioso cuando tú lo dices.

—Lo sé.

Nos quedamos en silencio por un rato, yo mirándola a ella y ella mirando hacia el techo. Por unos momentos dirige su mirada hacia mí y sonríe.

—¿Qué sucede?—pregunta.

—Nada… es solo que estaba pensando…

—¿Qué?

Me doy la media vuelta y saco de debajo de mi cama el regalo que había comprado para Karla. ¿Lo recuerdan? Pues es hora de que se lo entregue. Lastimosamente no he podido agregarle ese algo que se suponía que iba a agregarle, pero ya se dará la ocasión.

—Feliz cumpleaños Karla—le digo pasándole una caja con un moño en su parte superior.

Ella coge el presente y me mira desconcertada.

—Sasha, yo…

—Sí, si, ya sé que tu cumpleaños era el dieciséis de noviembre. Pero mira, por mi estupidez te la has pasado en un hospital y realmente lo siento. No pretendía arruinarte nada.

—No has arruinado nada.

—Pues yo siento que sí.

Estamos hablando casi en susurros, como si temiésemos que nos escuchen.

Karla sonríe. Yo le sonrío.

—Déjame compensártelo—le digo.

Karla asiente con su cabeza y se sienta. Comienza quitando el moño, y tal y como yo, despega con cuidado la tarjetita del frente. Con la luz de la pantalla de mi celular alumbro sus manos para que así pueda ver mejor lo que hace.

Finalmente termina de abrir la caja y del interior extrae una tan sola cosa.

Una cámara, de esas retro. De esas con las que te tomas fotografías y salen con efecto vintage. Karla siempre dijo querer una y nunca había podido conseguirla, así que traté en la mayor medida de conseguírsela, y no saben cuánto me costó, pero gracias al cielo pude encontrarla en una tienda de cosas antiguas. Era la única que tenían.

—¡Oh, Sasha, es perfecta!—me dice emocionada, abrazándome.

—Feliz cumpleaños, mi querida Karla—le susurró al oído.

—Eres genial ¿Lo sabias? Siempre he querido una de estas.

—Lo sé. Lo mejor para mi chica de las fotografías.

—Te quiero Sasha—musita.

Sonrió y la abrazo con más fuerza. Se siente agradable. Sus abrazos son acogedores.

—Y yo a ti Karla… y yo a ti.

Jueves 16 de Diciembre de 2010

Dos de la madrugada.

A Karla le ha encantado su regalo.

PD: Soy feliz.

Otra vez yo; Sasha.

Ending:

Próximo Capítulo: Domingo 26 de Mayo de 2013

Autor: Luis F. López Silva.

Todos los derechos reservados ©

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