Capítulo 45: Ensalada de Frutas.

sun behind clouds

Nos quedamos con Karla tendidos en la cama sin saber qué decir ni qué hacer. La carta de Cecilia ha sido la cosa más extraña que he podido recibir, y no por el hecho de que me la mandase ella, sino más bien por lo que me dice en la carta y por lo que me pide que haga. Entonces caigo en cuenta lo que Maikel me mencionó en una ocasión; hay una habitación de toda la casa que permanece cerrada, y es la de Cori. Y la razón por la que permanece cerrada es esta. Lo que está ahí dentro es para nosotros. Pero ahora surge una interrogante, y la verdad no creo ser el único que la plantee, porque Karla se me adelanta y lo hace.

—¿Qué hay dentro de la habitación de Cori?

Vuelvo a verla y me quedo por un rato observándola fijamente. Sus ojos negro azabache parecen afligidos.

—No lo sé—respondo.

Es lo más cierto que puedo decirle, porque hasta estas alturas, desconocía el asunto y Cori nunca me mencionó nada. Nunca pensé que él hubiese planeado esto, que según Cecilia, era algo importante.

Ahora que pienso en Cori… acabo de recordar que tengo tantas cosas que hablar con Karla. Hay muchos asuntos que debo de explicarle respecto a Cori y tantas situaciones respecto a mí, pero sobre todo, hay demasiados sentimientos que debo de exteriorizar y hacerle saber a Karla respecto a nosotros. Muchos de ellos están ahí, solo que cambiando. En el buen sentido claro. Cori tenía razón, no puedo quedarme estancado sin fijar mi vida en ningún rumbo cuando él no estuviese. Tengo que ir a algún lado, y a pesar de que voy a paso lento, sé que algún día llegaré lejos y podré encontrar de nuevo eso que me hace falta, pero sé también que estaré lo suficientemente cerca como para poder regresar y recordar esto que tanto amo.

—¿Qué hacemos?—pregunta Karla.

Se sienta en la cama, cruza sus brazos y espera paciente a que le responda.

Lo cierto es que no tengo ni la menor idea. No podemos llegar así nada más a la casa de los gemelos y ponernos a husmear en la habitación de Cori. Karla parece leerme el pensamiento porque se apresura a responderse a sí misma y a sacarme de este aprieto mental.

—Deberíamos ir otro día Sasha—recuesta su cabeza en mi hombro y suspira—. Hoy es tu cumpleaños y ambos sabemos que entrar a esa habitación requerirá de mucha fuerza, de la de ambos. Hoy hay que pasarla bien.

Sé a lo que Karla se refiere. Recordar es sencillo, pues los sucesos ocurren solo en tu cabeza y cuando tú deseas detienes esas imágenes y te distraes en otra cosa… sin embargo, revivir esos momentos con objetos que guardan en su interior una historia es muy pesado. Incluso cuando crees que ya estás listo.

—¿Crees que de cualquier manera… deberíamos ir?—pregunto.

Del sobre se desliza una llave y cae sobre mis piernas. La llave de la habitación de Cori.

—¿Quieres ir?

—Solo si vas tú también. No creo poder hacerlo solo—digo con tono preocupado—. Además… Cecilia dice que debemos ir ambos.

—Entonces iremos ambos—advierte, mientras coge la diminuta llave—. ¿Te parece el fin de semana?

—Es perfecto. Será el fin de semana.

Acordamos entonces ir el día domingo. Siendo de esta manera, entonces me propongo una tan sola cosa: Hablar con Karla en lo que resta de la semana antes de ese día. Para que pueda entender la magnitud de ciertas cosas entonces debo de explicarle otras tantas.

Es extraño. Pero parezco impacientarme por ello y le hago una tan sola pregunta antes de salir de su habitación.

—Karla…

—¿Qué sucede?

—¿Tú crees…?—hago una pequeña pausa sobre si continuar, pero al final inconscientemente me lanzo al primer abismo y formulo mi duda— ¿Crees que podemos amar a quien queramos? Digo, sin distinción de personas. ¿Sería extraño?

Ella voltea a verme, dubitativa, como si sopesara qué decirme, pero el tiempo que se toma para responderme es tan efímero, y la seguridad con la que me habla es tan fuerte que me siento ligeramente aliviado.

—Yo creo que podemos amar a quien sea y no necesariamente ser retorcido el asunto—.Karla me revuelve el cabello, y con ese gesto tan dulce que posee besa mi frente—. Es muy egoísta creer que nacimos para amar a alguien en específico Sasha. Las medias naranjas no existen… solo las ensaladas de frutas.

Bajamos de la habitación de Karla y pasamos a la cocina. La señora Bonnet ha terminado de cocinar las galletas de jengibre, y como si fuésemos niños de diez años nos atoramos con ellas y las hacemos pasar a la fuerza hasta nuestro estomago a base de leche con chocolate. La madre de Karla ha hecho tantas galletas que nos comemos tres bandejas de ellas, y justo cuando va a colocarnos la cuarta bandeja frente a nuestras narices, noto algo en lo que no había reparado antes.

La señora Bonnet… ella…

¡Ihg! ¡Dios! ¡Ella esta…!

—¡Tu madre tendrá un bebe!—exclamo con sorpresa, escapándome a ahogar con las galletas.

Karla escupe la leche que tiene en su boca y la señora Bonnet termina de colocar la bandeja con galletas sobre la mesa. Luego se acaricia la barriga y vuelve a verme sonriente. Karla abre la boca como si fuese a decir algo, pero su madre se adelanta y me responde.

—¡Oh, tesoro, eres muy observador!—coge una galleta de jengibre con forma de hombrecito y le muerde un pie.

—¿¡Por qué no me lo habías contado!?—le reclamo a Karla.

—Me di cuenta hasta ayer por la tarde—se encoge de hombros—. ¿Cómo diablos te has dado cuenta si ni se le nota demasiado?

—Bueno, ella está un poco más… ¿Diferente?

—¿Me estas llamando gorda?—se cruza la madre de Karla de brazos.

Cabe decir que la señora Bonnet es de complexión delgada. Está bastante joven y supongo que no es mala idea tener un bebe a la edad que ella tiene. Creo más bien que es hasta perfecto. Me emociona de solo pensarlo.

—¡No, no!—me apresuro a explicar. Karla suelta una carcajada al verme todo acongojado—. Es solo que me ha parecido verla diferente. No lo sé.

—¿Más linda tal vez?—pregunta sonriente.

—Madre, deja de ser tan vanidosa—refunfuña Karla.

—Sí, más bonita—le digo. Aunque la verdad no sé exactamente qué le vi, pero si esto me va a salvar el pescuezo mejor respondo que sí. Aunque si soy sincero, la madre de Karla es bastante guapa.

—Karla, hija, déjame ser por una vez en la vida ¿Si?—ella coge otra galleta y esta vez le come un bracito—. A penas tengo mes y medio—dice ella, volviendo a poner la mano sobre su vientre. Sonríe. Hay un brillo en sus ojos que me parece bastante enternecedor—.

—Le deseo lo mejor—le dedico una sonrisa—. Ese bebé conocerá el mundo dentro de una bonita familia.

—Gracias cariño—y como a veces hace Karla, acaricia mi mejilla con ternura.

Nos terminamos de comer las galletas restantes y cuando quedamos satisfechos nos levantamos y salimos a la calle a caminar un rato en el frío. A pesar de que ya es tarde, casi las cinco, aún hay mucha luz afuera. El vaho se sigue condensando frente a nuestros rostros. Como no tenemos a donde ir con exactitud nos vamos camino a mi casa.

El cielo está gris con parches blancos. Momentáneamente recuerdo lo que he estado soñando hace unos días. Una playa, un campo con flores, la llanura… nada ha tenido sentido. Ni un sueño teniendo relación con el otro, ni mucho menos con la realidad. Solo hay una tan sola cosa que es constante en esos sueños, y esa cosa soy yo. Me veo ahí, parado en medio de cada paraje, observando quién sabe qué. Es extraño verte a ti mismo, y luego voltearte a ver a los ojos. He sido capaz de escrutar mi propia mirada y en mi azul iris no he podido encontrar nada especial. Tal vez es porque no me he detenido con mucho cuidado a hacerlo. Cuando me veo a mi mismo es entonces cuando despierto. Me resulta incluso irritante.

Si hago un recuento de mis sueños, entonces todo ha cambiado en su totalidad. Primero era un lugar negro, luego fue una puerta, luego fue un enorme paisaje solitario y verde que se extendía hasta el pie de unas montañas, luego apareció mi abuela, luego estaba Cori… luego ya no hubo nadie y no volví a soñar con ese lugar. Ahora se transmuto en paisajes distintos, todo cambió y ahora me veo ahí, y pareciera como si yo esperara. Como si estuviese a la expectativa de que en alguno de esos lugares fuese a suceder algo.

No estoy seguro de que ese algo aparezca.

Tampoco estoy seguro de a qué o quién esté esperando con exactitud.

—Sabes, me encanta verte con ese gorro—Karla camina junto a mí, con sus manos metidas en las bolsas delanteras del suéter—. El gris realza el azul de tus ojos.

—Tú sí que sabes cómo hacer que un chico sonría—le digo riendo—.

—Solo digo lo que pienso—se encoge de hombros.

—Vamos Karla, que tú no te quedas atrás—le doy nos golpecitos con el codo en su brazo y vuelvo a verle—. Tú te ves bonita con lo que sea que lleves.

—Sí, lo sé—se mofa y me río con ella—. Pero, gracias por recordármelo.

—Eres linda, ¿qué más puedo decirte?—me encojo de hombros. Ella se sonroja y no puedo evitar sonreír por ello.

—Podrías decirme que me quieres.

—Te quiero.

Ella voltea a verme y abre su boca como si fuese a decir algo, pero no hace nada y niega con su cabeza. Suspira y seguimos caminando por la calle, envueltos por el frío del invierno.

—A veces siento que lo haces a propósito—advierte con desdén.

—¿Hacer el qué?

—No importa.

—Pero…

—Tengo hambre—me interrumpe—. Creo que esas galletas no bastaron.

—Eres una glotona—refunfuño—. No sé cómo comes tanto y no engordas.

—Huy si mira quien lo dice—rezonga Karla poniendo sus ojos en blanco—. El señorito como mucho, me ejercito poco y tengo un cuerpo “delisabrozo”

Suelto una carcajada y la abrazo. Tontear de esta manera ya lo echaba en falta. Hacía un buen rato que no lo hacíamos y siendo sincero, esto me parece fenomenal. Me siento como en esas novelas en las que hay personas adultas que se reencuentran por casualidad en la calle un día de tantos, y luego de eso se la pasan el tiempo juntos recordando los buenos ratos y pasando otros buenos momentos. Es como nostalgia mezclada con felicidad. Es solo que a Karla no la he perdido ni un segundo, y sin embargo, la nostalgia está ahí. ¿Será posible sentirse nostálgico por el futuro? Ok, creo que estoy desvariando por el frío.

—¿Qué es “delisabrozo”?—pregunto.

—Es la combinación de lo delicioso con lo sabroso.

—¿Te parezco eso?—inquiero.

—Tesoro ¿A quién no se lo pareces?

—Emm… ¿A mí?

—¡Oh, vamos!—se exaspera—. No sé cómo no tienes ni una pizca de vanidoso y te miras tan bien. ¡Es casi inaudito!

—Pues yo qué voy a andar sabiendo. Estoy tan acostumbrado a mí que ya me pude hasta haber aburrido de mi mismo.

—Tú problema es que te autoexaminas demasiado.

—¿Cómo un examen de cuerpo y conciencia?

—Si—advierte ella asintiendo con su cabeza—. Te conoces demasiado… y el hecho de que ya te hayas acostumbrado incluso a tu imagen es más extraño. Todo el mundo nunca está satisfecho con lo que tiene, pero vienes tú y ni siquiera te esfuerzas por decir que hay algo de ti que no te gusta.

—Pero si yo estoy conforme—frunzo mi entrecejo.

—A eso me refiero—señala con mucho énfasis—. Ni siquiera te tomas tu tiempo para escoger la ropa que vas a ponerte. Solo tomas lo primero que encuentras y ya. Y aun así, te miras lindo. ¿Cómo llamarías a eso?

—¿Flojera?

—No tesoro, a eso se le llama ser uno mismo.

Ok, Karla está este día bastante reflexiva. Punto para ella. Me satisface en su totalidad su punto de vista. Nunca me había detenido a pensarlo pero ya que ella me lo ha dicho, adoptaré su postura.

—Pues tú no eres tan distinta a mí—advierto enarcando una ceja.

—¿A no?

—Bueno, siempre has sido la misma. La alegre, inteligente y hermosa Karla Annell Bonnet. Siempre tú, y si en cuanto a vanidad se refiere lo más que te he visto utilizar es brillo para los labios. Sin necesidad de nada eres bastante guapa. Sobresales en los estudios y ayudas a quien se te plante en frente. No has cambiado nada. Desde niña siempre fuiste así.

—He cambiado bastante Sasha.

—A ti te lo parece—advierto—. Y lo mismo digo yo de mí mismo, que he cambiado mucho. Y es curioso ¿Sabes?, porque la percepción cambia según quien te observe. Puedes ir por ahí y te encuentras con alguien a quien no miras por largo rato y te dice “Oh, cuanto has cambiado”, pero tú te sigues sintiendo igual. Ahora míranos a nosotros diciéndonos “Tú sigues siendo el mismo de siempre” y en nuestros adentros sentimos que hemos cambiado todo un mundo.

—¿Y al final… hemos cambiado o no?

—No puedes llamarle cambio a algo que se mantiene igual para ti—respondo. Sonrío y sin miedo a equivocarme, continuo—. Como dije, es cuestión de percepción. Para muchos habrás cambiado, para mi seguirás igual.

—¿Y qué si cambió para los demás?

—Sí, pero tú no eres los demás. Tú eres tú.

—Es por esto que detesto la filosofía—frunce sus labios, confundida.

—Vamos no es tan malo. Es simple—rozo mi hombro con el suyo, animándola—. Un cambio no es un cambio si eso ya lo conocías. Al final concluyo que simplemente nos hemos adaptado al ritmo del otro. Si yo digo que tú eres la misma entonces ha sido porque sigo tu ritmo y te he visto convertirte en lo que eres ahora. Lo mismo te sucede conmigo. Nos acostumbramos a nosotros y ya. Todo porque estamos juntos.

—Pudiste haber dicho eso desde un principio.

—De haberlo hecho no hubiese hablado tanto—advierto—. Tenía deseos de hablar. Eso es todo.

Pasamos frente a la granja del señor Hamilton y reparo en que todo está muerto. No habrá nada sino hasta que el invierno cese y el frío se vuelva cálido. Me hace un poco de falta ver el campo lleno de girasoles. Su amarillo siempre contrastaba con todo lo verde que hay por aquí y si te detenías lo sufriente a observarlas, podías verlas moverse al ritmo de la luz del sol; lentas, inmutables… silenciosas.

Ahora que el cielo está gris, supongo que lo único que se mueve al ritmo de la luz son las nubes. Desearía tanto que nevara.

—Por cierto—advierto, recordando lo que Karla me había dicho en su habitación—. ¿A qué te referías con eso de que solo existe la ensalada de frutas?

—Eso es simple—me dice. Una nube de vaho se condensa frente a su rostro y se desvanece poco a poco—. ¿Para ti, qué es tener una media naranja?

—Es alguien que tiene todo lo que tú siempre quisiste—respondo.

—Correcto. Ahora… ¿No crees que sería un poco aburrido estar con alguien que ya sabes qué es lo que hace y qué es lo que no?

—Supongo—me encojo de hombros. Este gesto se me está pegando demasiado—.

—La verdad es que lo es. Curiosamente nadie se termina enamorando de “Su media naranja” porque siempre hay cosas que discrepan realmente de lo que tú siempre quisiste.

—Pero eso no sería tan malo—advierto con una mueca.

—No, no es malo. Gracias a eso es que las cosas se tornan interesantes. Alguien puede sorprenderte y hacerte feliz porque ese gesto era algo que no te esperabas. Míralo así: cada quien es una fruta diferente según las circunstancias.

—Ok, ya me enredé.

—En una relación nada es perfecto Sasha. ¿Qué pasaría si nunca te peleases con esa persona que amas?

—¿Significaría que no tenemos problemas? —respondo con otra pregunta.

—Significaría que o uno es muy estúpido o que ambos lo son. No puedes estar de acuerdo en todo. Tomemos como ejemplo a André. ¿Crees que a veces no se molesta con Lucas?

—Imposible—niego con mi cabeza—. Alguna que otra vez tendrá que suceder.

—Pues veras, suponiendo que en determinado caso sea Lucas el que se molesta… ¿A que sería una buena oportunidad para André el demostrarle cuanto lo ama y pedirle perdón y tratar de solucionar el problema?

—Eso sería bastante bueno.

—Pues claro que lo sería—Karla hace una pequeña pausa y luego de unos minutos de caminar, continúa. Mientras tanto, yo escucho con atención—. Ahora, en cuanto a las frutas. Suponiendo que durante esa pelea alguien se molestó, ¿en donde quedó la perfección de tu media naranja? Ser la mitad de algo significa que encajaras en todo momento a la perfección con tu otra parte. Sin embargo no es así, hay veces en la que no encajas, pero de alguna manera u otra haces todo lo posible por enmendarlo. Es algo así como si tú fueses la sandía y yo fuese un melón. Puedo no ser tu mitad que encaja, pero de igual manera la sandía y el melón son perfectos para comerlos juntos en una ensalada. Encajan sin ser mitades perfectas el uno del otro.

¡Demonios! Dos puntos para Karla por esto. Tiene toda la desgraciada razón. ¡He vivido engañado toda mi vida! ¡No existe tu media naranja… solo existimos ensaladas de frutas! Ok, esto tengo que anotarlo en mi diario, espero y no se me olvide.

Estamos a punto de llegar a casa. Ya serán las seis y nos hemos tardado un rato caminando, tanto entre hablar como en tontear por ahí. Este ha sido un cumpleaños de lo más bonito. No puedo quejarme. Y los regalos que me han dado han sido estupendos. Libretas personalizadas, música, galletas de jengibre. ¡Oh, qué vida más bonita esta!

Está llena de sorpresas.

Como por ejemplo esta.

Gaby, la hermana de Benny… está sentada frente a mi casa.

Continuará.

Ending:

Próximo Capítulo: Domingo 19 de Mayo de 2013

Autor: Luis F. López Silva.

Todos los derechos reservados ©

Un pensamiento en “Capítulo 45: Ensalada de Frutas.

  1. angeles

    uuu soy rara la persona que me gusta es mi persona ideal asta cuando se enoja conmigo y yo nunca imagine como seria;…. digo que me aya enamorado de ella la convirtio en mi persona ideal =) aaaa y me gusto❤

    Responder

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