Capítulo 43: Nuestro hogar.

Perdonen la tardanza amigos, ayer WordPress no me dejaba publicar –.- pero aquí está el capítulo. Recuerden que se está llevando acabo el concurso por el primer año de publicación de Sasha ^^ ¡Anímense a participar!

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Capítulo 43: Nuestro Hogar.

color at the roof

A veces siento que Karla deja las cosas en suspenso solo para joderme el rato. Hace unos momentos llamó para decirme que había recibido la respuesta de la universidad, sin embargo, decidió hacer una tan sola cosa:

—Esperaré a que recibas tu carta y la abriremos juntos.

Me daban ganas de darle su zape en la nuca por dejarme en suspenso, pero supongo que está bien que esperemos. La chica del correo no debería de tardar en venir así que pronto tendré en mis manos esa respuesta. La verdad es que no espero que sea positiva. Nos dirán únicamente si pasamos la prueba piloto, y aunque con eso tendríamos acceso a la universidad, aun no sé qué diablos voy a estudiar. En caso de ser positiva la respuesta, al menos estaría en el mismo sitio que André. Solo espero que de haber quedado, Karla también. No pienso despegarme de ella.

Ya es pasado medio día y me aburro. No hay mucho que hacer aquí en casa salvo pasar las clases del instituto, pero eso solo me da más flojera y sé que si me pongo a hacerlo entonces me voy a dormir. Ayer se suponía que debía de haber comenzado a transcribir las anotaciones del diario a otra libreta. Había decidido escoger qué anotaciones entregarle al señor Donovan, pero al final concluí que eso sería estúpido. En este diario tengo tantas cosas importantes que considero necesarias tenerlas presente a la hora de leer mis anotaciones, y si me las salto entonces nada tendrá sentido. Por eso le entregaré el diario a mi profesor tal y como está. Al fin de cuentas, en este diario está mi vida, o un fragmento de ella al menos, pero ni dudar que es uno de los mejores fragmentos. Está Cori, está Karla… está mi amor por ellos. Por ambos.

Saldré mejor a caminar.

Abro la puerta y el frío es casi demencial, sin embargo eso no me detiene, aunque ahora que lo pienso ¿A dónde voy a ir? ¡Ah! Iré mejor a visitar a Darién. Tengo un buen rato que no la veo y aparte, necesito contarle muchas cosas. Kathy me cuenta que mientras estuve en el hospital, Darién fue a visitarme en numerosas ocasiones junto con Carol y el señor Hamilton. La verdad es que me gustaría agradecerle su preocupación. Hay tantas cosas que debo de agradecerle, como por ejemplo ese empujón que me dio para aquél momento en el que no sabía qué hacer cuando Cori me dijo lo que sentía por mí. Fue gracias a esa aclaración sobre el amor que ella me dio que yo fui capaz de tomar una decisión al respecto. Gracias a ella pude enamorarme. Gracias a Cori pude enamorarme por primera vez.

Cojo un poco del flan que Tránsito ha hecho y llevo dos porciones, una para Darién y la otra para Carol… y cojo una para mí. Ok, soy un glotón, pero es que cuando estás en pleno crecimiento el estómago te pide más de lo normal. Desgraciada pubertad y cambios hormonales.

Ahora que menciono los cambios hormonales, hace unos días Kathy nos contaba a André y a mí sobre la primera persona a la que besó. Me pareció una linda historia, pero creo que se las contaré en otra ocasión. Sin embargo, la de André si se las contaré porque vista la situación del flan, me parece apropiada, además del hecho de que yo estaba ahí para presenciarlo. Cabe decir que yo estaba en el lugar apropiado en el momento apropiado para poder verlo y también cabe mencionar que en el caso de André no era su primer beso—o al menos eso creo—. Sino más bien, el primero que le dio a Lucas.

Estábamos a finales de Junio y hacía un calor insoportable en Nueva York. Había quedado de ir con André y mis otros primos a la piscina en la casa de un amigo de mis padres. El señor y la señora Rothem andaban de visita donde su hija en Los Ángeles, y dejaron a mi tía Bianca las llaves por cualquier emergencia. Nos dieron permiso también de poder utilizar la alberca siempre y cuando dejásemos todo en orden. Lucas lógicamente también había sido invitado, pero a esas alturas yo no sabía nada de lo que André sentía por Lucas o lo que Lucas pudiese sentir por André.

Nos la pasamos la tarde jugando en la piscina, tirándonos unos a otros al agua o salpicándonos hasta que mi prima Juliana sugirió que hiciésemos luchas y a todos nos pareció una genialosa idea. (Por cierto, Genialoso es una combinación de dos palabras: Genial y Fabuloso). En fin, como dije, nos pareció genialoso y formamos equipos. Iríamos de cuatro en cuatro, mi prima Juliana con su hermano gemelo Julián, Andrew y Audrey—dos primos que tienen mi misma edad—harían equipo. A mí me tocaría ir con André y Lucas iría con Lila, otra prima que tiene más o menos la misma edad de André. Unos meses de diferencia nada más. Como hicimos rifado quienes lucharían primero, los sorteados fuimos André y yo contra Lucas y Lila.

—No tendré piedad—me dijo Lila con una mirada y una sonrisa perversamente graciosa. Dicho esto se subió a los hombros de Lucas y se puso en posición de defensa.

—Que no huela tu miedo, Sasha—me dijo André con tono que me sonó enteramente competitivo. Si algo caracteriza a mis primos es su alta competitividad, y con Lila aún más en el caso de André. Por cierto, Lila también estudia astronomía en la misma universidad. Ya imaginaran ustedes que esos dos se escapan a matar cuando de sacar la mejor nota se trata.

Un dato importante, Lila es muy guapa. ¡Diablos!, todos en mi familia son bastante guapos. Creo que soy adoptado.

—No tengo miedo—dije, encogiéndome de hombros. Aunque la verdad me intimidaba un poco mi prima. Sabía que no me iba a hacer nada malo, pero la mirada asesina que demostraba en ese momento te provocaba escalofríos hasta en los huevos.

Terminé de acomodarme en los hombros de André y ya estábamos listos para comenzar la lucha. Audrey la hizo de juez y contó hasta tres para poder iniciar.

—Listos. A la una… a las dos…—hizo una pausa que solo me impacientó más—. ¡Tres!.

Y bastó su grito para que Lila se abalanzara sobre mí para querer tirarme al agua. Lucas hizo un movimiento rápido y acercó en un parpadeo a mi prima, posicionándola justo frente a mis narices pero André no iba a permitirse perder ante Lila y se agachó rápidamente sumergiéndonos antes de que ella pudiese empujarme. Eso provocó que Lila se escapase a ir de bruces sobre el agua pero Lucas rápidamente equilibró su peso y logró controlar la situación. André y yo emergimos de las profundidades—ok, eso fue muy dramático, salimos del agua más bien— y eso provocó que Lila se tambaleara. Extendí mis brazos y la tomé por los hombros. Ya la tenía, solo tenía que dale el empujón para tirarla, pero Lucas parecía que tampoco quería perder. Cogió a André por los brazos y comenzó a forcejear con él, provocando que me tambaleara y casi perdiera el equilibrio. Tuve que soltar a Lila por unos momentos, agitando mis brazos a los lados para no caerme. André empujó a Lucas y este retrocedió resbalando en el fondo de la piscina. André no iba a desaprovechar eso y como era de esperarse, hizo todo en cuanto estuvo en sus manos para ganar. Saltó lo más que pudo hasta quedar a la altura del pecho de Lila por unos segundos y con sus manos hábilmente encontró el nudo del sujetador de ella y lo soltó. Todo fue tan rápido que me pareció verlo en un parpadeo que extrañamente se detuvo por unos segundos en cámara lenta. Luego de eso solo pude divisar a Lila sosteniéndose su sujetador para que no se le viesen los senos y cayendo sobre mí, provocando así que todos nos derrumbáramos en las azuladas aguas de la piscina.

El sórdido sonido del agua fue plenamente acogedor, y la temperatura era prácticamente perfecta. A un costado había demasiadas burbujas que me impedían ver a Lila que intentaba anudarse su sujetador. A mi otro costado estaban André y Lucas, sumergidos en la claridad del agua que dejaba penetrarse por lo rayos del sol, proyectando pequeñas vetas de luz en nuestros cuerpos. Nuestro cabello, que siempre ha sido un poco largo, ondeaba en la etérea agua y parecía que la gravedad no tenía cabida en ese mundo silencioso y húmedo. Todo se volvió lento nuevamente. Ellos mirándose fijamente, yo mirándolos a ellos, y luego… un beso. Así de simple y de sencillo. Un beso que pude ver con total nitidez. Ambos, con sus ojos cerrados y sus labios unidos en un beso lento y nada exagerado ni morboso. Parecía que no sabían lo que hacían ni estaban seguros de hacerlo, sin embargo ahí estaban, haciéndolo.

Tuve que sacar a fuerza la cabeza del agua para tomar una bocanada de aire y seguidos de mí lo hicieron André y Lucas. Lila ya estaba en el borde de la piscina quitándose el agua de la cara y su sujetador ya estaba en su sitio. Me mantuve flotando frente a los chicos sin saber qué carajos hacer, sin embargo ellos no repararon en mi presencia en ese momento, pues solo limitaron a verse con cara de desconcierto. André no decía nada, Lucas no decía nada y yo quería abrir la boca y decir algo que rompiera la tensión de ese instante, pero cuando la abrí solo tragué agua así que la cerré rápidamente y me quedé callado.

Incluso Lucas se vio tentado a decir algo porque abrió su boca, pero luego la cerró, bajo su cabeza por unos segundos, luego se sumergió y se fue nadando hasta la orilla de la piscina. André lo llamó pero él no contestó y se fue sin decir nada. Los demás ni se dieron cuenta porque estaban muy ocupados molestando a Lila por su sujetador, sin embargo yo si me fije y extrañamente me preocupé. Creo que está en mi naturaleza preocuparme por los demás.

—Deberías ir—sugerí, nadando hacia la orilla junto a André.

Él volteó a verme con cara de incredulidad, pero sobre todo miedo. ¿A qué? Ahora que lo pienso detenidamente tal vez miedo a lo que pudiese pensar de Lucas o de él, tal vez miedo a que pudiese decir algo a alguien y empeorar mucha cosas, y hasta esas alturas como “cosas” se podía entender claramente el estado de André respecto a su sexualidad en ese momento, y a la de Lucas por supuesto. Pero la verdad era que yo no pensaba abrir la boca por ningún motivo y André lo sabía, porque solo me dedicó una cálida sonrisa y fue en busca de Lucas.

Mi tía Bianca estallaría unos días después en coléricos gritos y sermones contra André cuando este sacó a tema lo de su sexualidad. La primera vez fue para aquella ocasión en la que fuimos a parar con mis primos y André a una discoteca gay y en donde él armó un alboroto porque un pervertido intentó manosear a Lila. En ese momento las cosas quedaron en el aire y nadie mencionó nada sobre el asunto por miedo a que mi tía estallase nuevamente en rabia y posiblemente decepción. Como ya dije, ella es una homofóbica demente. Luego pasó el tiempo y cada vez el mundo se alejaba de André y él ni siquiera intentaba retenerlo. En una ocasión me comentó que no lo hacía porque tenía miedo de que fuera rechazado por segunda vez. Pero, a pesar de que todos se iban, yo me quedaba, y eso posiblemente hizo que mi relación con André fuese a mejor. Luego de lo sucedido en la piscina André y Lucas aclararon muchas cosas, y ahora están felizmente juntos. Ambos son muy buenas personas.

Ahora, la relación del flan con todo esto es que André comentó lo siguiente “Los besos de Lucas bajo el agua saben a flan de vainilla” De ahí el por qué recordé esta historia.

Cruzo la llanura que ahora está totalmente dorada pues las espigas se han secado a causa del frío. Los pocos árboles que se esparcían a lo lejos están secos y el estanque en el que las ovejas y cabras de Darién saciaban su sed ahora está congelado. Lástima que es demasiado pequeño como para venir a patinar.

Llego al bosque y lo cruzo sin detenerme. Los conejos como siempre se escabullen entre mis pies y se esconden en sus madrigueras. Los venados se van y se esconden entre los helechos y uno que otro pájaro de colores vivos surca el aire de una rama otra. Los pinos por su parte parecen inmutables al clima y no ceden al frío. Siguen tan verdes como siempre y las piñas de sus ramas se desprenden de a poco regándose por todo el suelo. No me lleva más de quince minutos pasar el bosque y llegar a casa de Darién. Veo a Carol que está en el corredor sentada en una mecedora tomando una taza con chocolate.

—¡Oh, Mamá! ¡Sasha ha venido!—Carol se pone de pie y me da un enorme abrazo el cual le correspondo.

—¿Qué tal va todo Carol?

—Suave.

—¿Suave?—pregunto riéndome. Me parece una expresión más propia de Nixon que de una niña

—Lo leí en una etiqueta del supermercado—me dice, encogiéndose de hombros—. Un chico compraba patatas fritas y una chica lo acompañaba. Ella le preguntaba cómo iba todo y él chico le respondía “Suave, como mis deliciosas papas”.

—¿¡Ya sabes leer!?—pregunto exaltado.

—Sí. Mi maestra dice que soy muy inteligente—me sonríe—. Por cierto ¿Quieres de mi chocolate?

Me ofrece y le doy un sorbo. Está dulce y calientito. Me encanta la verdad. Creo que el flan le caerá como anillo al dedo para acompañarlo. Nada como comer cosas dulces.

Entramos a la casa y como siempre el cálido fuego de la chimenea ha hecho del ambiente algo acogedor. Las grullas siguen en el techo, solo que esta vez han cambiado de color. Ahora hay muchas plateadas, y otras tantas doradas, verdes y rojas, todos en colores estañados. Sin embargo, la casa sigue igual, flores en el jarrón sobre la mesa, la cocina rustica y el delicioso aroma a pan recién horneado. Me encanta este lugar. Me inspira paz.

—Buenas tardes Darién.

La puedo ver sentada justo al lado de la ventana, con una taza de chocolate y un libro en método Braille. Su título es “El guardián entre el centeno”. Es un buen libro. Cori me lo prestó en una ocasión.

—¡Oh, Sasha, has venido a visitarnos!

—Lamento no haber venido antes.

—No te preocupes querido, que tenemos todo el tiempo del mundo para visitarnos.

Ella deja su libro y me pide que me siente. En la mesa tiene una jarra con más chocolate y me sirve un poco, pasándome también un trozo de pan con mantequilla. ¡Ah, esto es vida! Nada como venir de visita y tomar chocolate.

—¿Qué tal van los yesos?—me pregunta Darién.

—Mejor cada día. Ya solo tengo el del brazo izquierdo.

—Me alegro—esboza una sonrisa y da un sorbo a su chocolate—. ¿Y qué tal está Kathy y Tránsito?

—Muy bien. Gracias por preguntar. ¿Qué tal has estado tú?

—Perfecta. Nada como el chocolate para un día frio.

—Tienes razón. Por cierto, no sabía que Carol ya pudiese leer.

—Pronto saldrá de prescolar—me dice con tono de satisfacción—. Ya podrá asistir a la primaria.

—¿La enviarás a algún privado?

—Me encantaría, Sasha, quiero lo mejor para ella—hace una breve pausa, suspirando—. Pero el dinero no me es suficiente para ello y las mermeladas nos proveen de muy poco para lo básico.

Me encantaría en serio que Carol pudiese asistir a una buena primaria. No me importaría que fuese un privado, ahí al menos todos son niños y se comportan como niños, y siendo Carol, ella no va a cambiar en ningún lado. Cuando vaya a la secundaria espero pueda asistir a Longmont Sunset. Es un excelente lugar. ¿Cómo puedo ayudar con esto? Preguntaré a Tránsito, seguro que ella sabrá cómo.

—Algo va a suceder, algo bueno—le digo apretándole la mano. Darién sonríe y por un momento siento que ella me mira—. Ya verás.

Nos la pasamos el rato hablando de cómo han estado las cosas en los últimos días. Como ya tenía un buen rato de no poder hablar con Darién, me resulta enteramente gratificante poder charlar sobre muchas cosas. Hablamos sobre mí, sobre ella, sobre Carol, sobre el instituto, sobre mis padres, sobre Cori, sobre la madre de Cori, sobre Karla… sobre este frío y silencioso invierno. Es de esas pláticas en las que deseas no detenerte, y te detienes únicamente para tomar un respiro y luego continuar. Con Darién el tiempo se me pasa tan rápido que pareciera por unos momentos que los segundos y minutos no existen.

—¡Oh! Se me olvidaba—advierto acongojado—. He traído flan de vainilla.

—Qué lindo gesto querido.

—Está delicioso, Tránsito lo ha hecho.

Le pido a Carol que me ayude a servirlo y luego nos encontramos los tres a la mesa comiéndonos nuestra porción. Espero que al llegar a casa André no se lo haya comido todo aún porque voy a repetir. Carol parece que realmente lo disfruta, porque sonríe de oreja a oreja entre cada pedacito que corta de la triangular porción. Pareciera que es un pedazo de pastel. Solo le faltan las velas.

Un segundo…

Pastel…velas…¡Ihg! ¡Mañana es mi cumpleaños! ¡Lo había olvidado! Esperen, esto también me deja con una duda.

—Darién.

—¿Si Sasha?

—¿Tú cuando cumples años?

—Febrero.

—Perfecto—tengo tiempo para poder pensar qué regalarle—. ¿Y Carol?

—Mañana.

—Perfecto—sonrío—. Voy a comprar un… ¿Qué?—pregunto incrédulo.

—Mañana es su cumpleaños—me dice, dándole una mordida a su pedazo de flan—. ¿Sucede algo?

¡Barbaridad! ¡Carol y yo cumplimos año el mismo día! ¡Igh! Por un momento siento que la cabeza me da vueltas y que no asimilo lo que estoy escuchando. ¿Puede haber más coincidencia? ¿Puede haber más similitudes entre nosotros? ¡Carol es mi hermana! ¡Y ambos tenemos ojos azules! Esto es… extraño. Me siento un poco mal, pues ella aún no sabe que soy su hermano pero la verdad es que me encantaría que lo supiese. En cierto modo me siento mal, por estarlo ocultando, tampoco se lo he contado a Karla y mucho menos lo sabe Kathy o Tránsito o André. Tengo una idea, y espero funcione.

—No nada—digo aun sorprendido—. ¿Qué te gustaría de regalo?—le pregunto a Carol.

—Un perro que vuele—me dice sonriente, con la cara llena de jarabe del flan.

Cojo una servilleta y le limpio las mejillas.

—Carol, tesoro, creo que encontrar un perro que vuele se le hará muy difícil a Sasha—le dice Darién riendo—. Escoge algo más sencillo.

—¿Puede ser un libro?—me pregunta ella con ojos suplicantes. ¡Diablos! Es que su mirada es tan tierna… y azul. ¿Así me veré yo? ¡Naah! Seguro que yo me veo extraño.

—Por supuesto. Entonces un libro será.

Terminamos nuestro flan y Carol ha tenido que irse a meter las ovejas al establo. Ya son las cuatro y si va más tarde el frío será peor. Creo que también debería de irme. Recojo los platos y ayudo a lavarlos. Mientras enjabono, nuestra platica con Darién continua.

—Gracias—me dice ella.

—¿Por qué?

—Por pensar en Carol—su voz parece sincera y agradecida a la vez—. No tenía el dinero suficiente para poder regalarle algo el día de mañana ¿Sabes?

—Darién, ustedes son importantes para mí. No tienes nada que agradecer. Además… ella… bueno… es mi hermana. Pero lejos de cualquier compromiso de sangre, Carol es una niña muy dulce y la quiero mucho. Las quiero mucho a ti y a ella.

Entre nosotros se hace un breve silencio que en cierto modo me parece acogedor. La verdad es que no necesito motivo para hacer esto, lo único que me impulsa a hacerlo es que ellas se encuentren bien; felices. Me encanta ver que las personas sean felices. ¿A quién no? Bueno, supongo que no todas las personas pueden pensar lo mismo.

—Sasha…

—¿Si?

Darién hace un breve silencio, como si sopesara lo que va a decir. Resopla con resignación y finalmente habla.

—Siento… siento mucho lo de tus padres—musita y se queda en silencio.

—Gracias.

—A veces suceden cosas que no nos gustan ¿Sabes? Y sin embargo, suceden.

Ella tiene razón. ¿Por qué nos suceden cosas que no nos agradan? ¿Qué sentido tiene pasar por algo desagradable si no te beneficiará? La respuesta podría ser muy simple.

—Los extraño—musito casi con un tono de voz imperceptible—. A mis padres… y a Cori.

—Es difícil, pero las cosas sucedieron porque así debieron de suceder. Es muy injusto Sasha, muchas veces lo es, pero en esta vida no podemos vivir algo que ya no nos corresponde.

—Suena cruel…

—Lo es—advierte ella con desaire—. Lo curioso es que, a pesar de que algunas cosas llegan a su fin y otras comienzan, las anteriores siguen ahí. Tal vez no físicamente, pero de manera intangible las revives en tu mente. Hasta ese punto la vida no es capaz de jodernos del todo.

—¿A qué te refieres?

—Te pueden quitar pedazos de tu mundo Sasha, pueden alejarlos de tus ojos, de tu tacto, te todo lo tangible y material, pero nunca podrán arrebatártelo de los recuerdos. Lo importante en esta vida no es lograr grandezas y que las personas las recuerden, lo importante es sentirnos grandes gracias al amor que las personas nos tienen. No es egocéntrico ni mucho menos egoísta, solo es saber querer a quien tenemos a nuestro lado de manera incondicional.

—Suena… perfecto.

—Lo es—advierte ella con una sonrisa—. Cuando lo consigues, cuando realmente te sientes grande porque las personas que te rodean te hacen crecer en amor y tú las haces crecer en la misma proporción, entonces tú serás un “para siempre”. De esa manera, todos seremos un “para siempre”.

—¿Un para siempre?

—Te reviven en cada recuerdo Sasha, en cada momento que aman, en cada respiro y suspiro. De esa manera nunca mueres y eres para siempre.

—Pareciera que fueses héroes de esa manera—comento.

—Para muchos puedes llegar a serlo.

Sonrío. No sé por qué, pero sonrío, aunque Darién no pueda verlo pero creo que ella también lo percibe porque tiene una hermosa sonrisa dibujada en su rostro. Es por esta y muchas razones más por las que me encanta hablar con Darién. Ella siempre sabe que decir y como animarme, pero sobre todo, amplía mi manera de ver el mundo. Siempre he pensado que una persona inteligente no es aquella que sabe más cosas, sino aquella que sabe abrir la boca para decirlas en los momentos más indicados. Darién, por supuesto, es más que inteligente; ella es una genio. Me siento afortunado de conocerla y de poder contar con ella.

Me he despedido de ellas cuando Carol ha llegado, y le he prometido que mañana le tendría una sorpresa. La verdad es que aún no me pasa que cumpla años el mismo día que yo. También pienso decirle a Karla sobre la situación de Carol y mía, supongo que es lo mejor. Si, definitivamente será lo mejor. No podré yo solo con todo esto. Carol es mi hermana, y sin mi padre solo nos tiene a Darién y a mí, y haré cuanto esté en mis manos por ayudarle. Solo necesitaré un poco de tiempo para pensar como, pero espero poder hacerlo de la mejor manera. Tengo que desempeñar mi papel de hermano mayor, y les confieso que eso me emociona.

He llegado a mi casa y ya son las cinco de la tarde. Supongo que el correo ya habrá llegado. Espero que Maikel no haya venido en mi ausencia. Si no viene luego entonces iré a su casa. En el caso de que haya venido no quiero que crea que no he querido ayudarle.

¡Oh, miren, ahí viene Karla!

—¿Has recibido la correspondencia?—me pregunta.

—No lo sé. He estado con Darién. Supongo que ya debería de estar aquí.

—Ojala que sí. Por cierto, Maikel ha mandado esto.

Karla me pasa un papel doblado y dentro está escrita una nota. Esto me recuerda a esas notitas que nos pasábamos en clase con Karla o Cori mientras el señor Donovan no nos veía.

“Lo siento, no he podido visitarte. Simón está terminando de confeccionar un traje de oso panda y necesita ayuda. Iré en cuanto pueda, posiblemente mañana o si logramos terminar, ahora más tarde como a las ocho.

¡Oh! Se me olvidaba, al pie de la nota está mi número de móvil y e-mail. Si te parece bien me escribes un correo o me haces una llamada perdida y luego te respondo y te explico de qué trataban las cosas.

Hasta luego.

Maikel.”

Genial. Le enviaré un correo electrónico luego. Me sigue dando curiosidad saber de qué trata el asunto. Esperen, ¿Dijo un traje de oso panda? Que… interesante.

—¿Qué dice?

—Necesita que le ayude con algo. Dice que me lo dirá luego… y que Simón está confeccionando un traje de oso panda.

—¿Oso panda?

—Si—advierto encogiéndome de hombros.

—Estúpidos y sensuales osos pandas—me dice Karla riendo.

Entramos a la casa y efectivamente, el correo ya está aquí. Tránsito, Kathy y André están sentados en el comedor y el sobre con la respuesta de la universidad está en el centro de la mesa. Lo observan como si sopesaran abrirlo y saber de una jodida vez qué me han dicho. Cuando me miran asomar entonces me apresuran para que lo abra. Karla también ha traído el suyo y nos sentamos al comedor con los demás y los dichosos sobres en nuestras manos.

—¿Y bien?—pregunta Tránsito.

—Y bien—respondo yo.

—¿La vas a abrir?—inquiere André.

—Aja.

—¿Ahora?—pregunta Kathy.

—Aja.

Hacemos un momento de silencio, mirando las malditas cartas, la de Karla y la mía, y no hacemos nada durante un rato. Esto me va a provocar una ulcera por estrés.

—¡Por un demonio, ábrela ya!—se exaspera Tránsito, cosa que me provoca risa porque raras veces se altera.

Nos damos una mirada de complicidad con Karla y abrimos los sobres. “Slash” El sonio del papel rasgándose y luego, una hoja doblada que se desliza entre nuestros dedos. La desdoblamos con lentitud y leemos. Es una nota en Times New Roman justificada y en ciertas partes resaltada con negritas y cursivas.

—¿Y qué dice?—me pregunta André.

Vuelvo a ver a Karla y ella todavía mantiene sus ojos pegados a la página. ¿Qué le habrán dicho? Parece un poco sorprendida pero por la expresión en su rostro no logro descifrar si está decepcionada o alegre o algo.

—¿Karla?—pregunta Tránsito.

Nadie dice nada.

—¡Por el pene o la vagina de algún hermafrodita, digan algo!—exclama Kathy impaciente.

—Chist. Cuida esa boca jovencita—le reta Tránsito.

Karla vuelve a verme y abre la boca como si fuese a decir algo, pero la cierra y se queda en silencio. Me encojo de hombros, ella se encoge de hombros, ambos negamos tres veces y luego asentimos. Se acerca a mi oído, y me murmura algo a lo cual le respondo siempre con voz baja. Luego volvemos a ver a los chicos y a Tránsito.

—Creo que me vendrá mi periodo de puro nerviosismo—enarca una ceja Kathy con evidente desesperación.

Karla sonríe. Yo sonrío.

—Han dicho… que nos quieren en su universidad—decimos con Karla al unísono.

Tránsito deja escapar un grito de alegría y se levanta a abrazarnos. Luego André que se une al abrazo y por ultimo Kathy que nos apapacha con todas sus fuerzas. Abrazo a Karla y ella me abraza y reímos y saltamos de felicidad porque podremos entrar a la misma universidad. ¡No tendremos que separarnos! ¡Podremos seguir juntos! ¡Wuju!

—¡Ains! Mis niños, como me alegro por ustedes—nos dice Tránsito dándonos un beso en la mejilla a cada uno.

—¡Bien, ahora tengo que quedar en esa misma babosada!—dice Kathy con tono competitivo—.

—¿También irás a Universidad Nueva York?—preguntamos con Karla al mismo tiempo, sorprendidos pero a la vez emocionados.

—Pues eso quiero. Esos desgraciados tienen que aceptarme.

—¡Genial!—exclamo—. Ahora solo cabrá solucionar en donde nos quedaremos y el papeleo de la universidad y…

—Tienes el apartamento en el que vivías antes—me dice André—. El lugar no será un problema. Pero ni creas jovencito que porque vivirás solo dejaré de vigilar tu trasero.

—Aguafiestas.

Karla se ríe.

—Tu tampoco de salvas Karla Annell Bonnet, que a ambos les meteré un chip en una nalga para localizarlos.

—¿Existen esas cosas?—pregunta Tránsito con curiosidad, volviendo a ver a Kathy, como si pensara ponerle uno a ella.

—Ni lo pienses mamá.

—Aguafiestas—le dice ella riendo.

¡Será perfecto! Estaremos en Nueva York—eso no me emociona tanto considerando que la ciudad no es de mi preferencia—. Y estaremos juntos, con Karla y espero que Kathy pueda aprobar su examen. Al final también estará André cerca y Lucas igual. ¡Yey! Eso solo me deja una interrogante.

—¿Quién se quedará acá?—pregunto.

—Tesoro, yo no me voy a ningún lado—advierte Tránsito—. Me abraza y besa mi frente—. Este lugar es precioso, y aunque Nueva York es una linda ciudad, aquí estoy más a gusto. Además—advierte, pasando a la cocina. Saca una tarta de arándanos del horno—. Tendrán que venir cuando estén en vacaciones así quieran o no.

Tránsito comienza a racionar la tarta. ¡Wuju! Comeremos tarta.

—Por supuesto que vendremos, Tránsito—le digo con una sonrisa. Miro a Karla y me sonríe, miro a Kathy y me sonríe, y miro a André, él también me dedica una cálida sonrisa—. Este es nuestro verdadero hogar.

Martes 14 de Diciembre de 2010.

A veces solo faltan unas pequeñas cosas para hacernos sentir felices. Unas pocas palabras, un pequeño gesto, una pequeña sonrisa… A veces simplemente somos felices y no nos damos cuenta.

Posiblemente sean momentos como este los que nos convierte en un “para siempre” para las demás personas. Momento en los que compartimos nuestra felicidad con los demás y los demás comparten la suya con nosotros.

Hoy descubrí que a pesar de todo yo siempre he tenido mis propios héroes, mis propios anhelos y motivos de mis sonrisas. Karla, André, Kathy, Tránsito, Darién, Carol, Cori en donde sea que se encuentre y mis padres de donde sea que me miren… si, definitivamente ellos son mí “para siempre”.

Amigo confidente… ¿Quiénes son tu “para siempre”?

Sasha

Ending:

 

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Próximo Capítulo: Domingo 21de Abril de 2013

Autor: Luis F. López Silva.

Todos los derechos reservados ©

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