Capítulo 38: Tiempo de regresar.

 

volumen IV

Bien, queridos lectores, con este capítulo damos inicio al Volumen IV de Sasha ^u^ será un gusto tenerlos nuevamente conmigo y sus comentarios serán como siempre, bienvenidos y muy importantes. ¡Disfruten la historia!

walking for find myself

Está bastante tibio y mi rostro está posado en algo suave. Mi cuerpo descansa sobre algo acolchado y el olor de estas sabanas es bastante familiar. Mi adormecido cerebro comienza a reincorporarse de a poco, escuchando a mí alrededor y sintiendo todo lo que me rodea.

—¿Sasha?

Abro mis ojos lentamente, y una delgada línea de luz entra por mis parpados hasta que se convierte en un brillante destello. Mis ojos se ajustan de apoco y mis pupilas se relajan una vez que me adapto a la luz. Estoy en la habitación de alguien. Miro a mí alrededor, fijándome en cada detalle, en cada cosa, en alguien. Miro mis manos, miro mi ropa, mi camiseta blanca, mi vaquero azul, las sabanas blancas con estampado de libros, el estante lleno de libros a mi izquierda, Cori sentado en la misma cama, frente a mí, sonriéndome.

—¿Estás bien?—me pregunta—. Pareces desorientado—ríe un poco y me pellizca las mejillas.

—¿Cori?—mascullo con tono pasmado.

—¿Si?

—¡Cori!

Salto encima de él, cayéndonos ambos de la cama a la alfombra del piso con un estrepitoso golpe y lo abrazo con fuerza, sintiendo su cuerpo tibio, su olor, su cabello, su respiración cerca de mi nuca y su palpable desconcierto ante mi actitud. ¿Es él? ¡Está bien! ¡Es Cori!

Él me rodea en un abrazo y suelta una risotada que me llena de felicidad instantánea y hace que quiera llorar de felicidad. Y lo hago, no me retengo, llamándolo por su nombre y agradeciendo que él esté aquí.

—¿¡Qué día es hoy!?—exclamo alarmado.

—Catorce de octubre—me responde—. Venga, ¿Qué sucede?—me dice sin dejar de abrazarme, entre pequeñas risas.

—¡Eres un maldito idiota!—le mascullo entre lágrimas de felicidad—. Deja de hacer eso.

—¿El qué?

—De abandonarme. De abandonarnos, a Karla y a mí.

—Pero si no me he ido a ninguna parte, tontito—advierte mirándome a los ojos con esa hermosa sonrisa que él posee—. Eres tú quien se ausentó por cuatro largas horas durmiendo.

—¿Durmiendo?

—Se suponía que venías a visitarme y que veríamos una película—me dice frunciendo su entrecejo—. Pero te has quedado dormido a mitad de esta y bueno, no quería despertarte. Te mirabas demasiado… tierno mientras dormías—Cori desvía su mirada y se ruboriza—. Así que mejor te dejé así, y me quedé observándote.

Así que fue… un sueño. ¡Fue un maldito y desgraciado sueño! ¡Una maldita pesadilla que pudo haberme matado! ¡Carajo! Debo de dejar de comer melocotones enlatados por las noches o la próxima vez soñaré con un puto apocalipsis. Pero… ¡esto es genial, todo está bien, todo está en su lugar! La desesperación y la angustiosa sensación de vacío comienzan a irse rápidamente y me alegro y agradezco infinitamente que solo haya sido una mala pasada de mi cerebro. Una que le costará muy caro al maldito por haberme hecho sentir durante cuatro horas un torbellino de malas emociones.

Sonrío, mirando fijamente a los verdes ojos de Cori, e inmediatamente me echo al suelo a reír descontroladamente no sé si de felicidad o alivio, pero las carcajadas brotan de mi hasta que me hacen lagrimar nuevamente. Cori se tumba junto a mi lado y suelta también a reír. Coge mi mano y entrelaza nuestros dedos, ambos mirando hacia el techo en donde él ha pintado un hermoso cielo nocturno.

—¿Por qué nos reímos?—me dice deteniéndose bruscamente de reír.

Vuelvo a verlo por unos segundos, parando momentáneamente mis risas y puedo encontrarme con sus pupilas verdes, lo miro fijamente por unos segundos y sin poder soportarlo vuelvo a soltar las carcajadas, haciendo él lo mismo.

—Estás demente—me dice con voz dulce.

—Fue un sueño realmente loco—le digo apretando su mano—. Uno demasiado demente, como yo.

—Es curioso, ¿sabes?

—¿El qué?—inquiero, dándome la media vuelta, para mirarlo más cómodamente.

—Tú estás demente. Y bueno, yo estoy enamorado de un demente. ¿Eso nos hace a ambos dementes?

—Tú ya estabas más loco, antes que mi—le bromeo, riéndome—. Así que fuiste tú quien me pegó la demencia.

Cori se encoge de hombros y edulcorando la voz me remeda a modo de burla, lográndome hacer reír. Se levanta y vuelve a sentarse, está vez a horcajadas sobre mi estómago. Sonríe, pero esta vez es distinto, su sonrisa es más perversa… no, más bien, pervertida.

Él se agacha y sin vacilar, me besa. Un beso que me sigue sabiendo a Cori, un beso que sigue siendo único, cálido, suave y tan de él. Un beso que sigue sabiendo a guimauve. Pone su frente sobre la mía y mirándome fijamente, me murmura que me ama, provocando que me ruborice y que se me acelere el corazón, y Cori parece notarlo porque sonríe y vuelve a besarme, con esa misma delicadeza y dulzura e instantáneamente, sin vacilar, logro sentirme completamente bien. La angustia se ha ido y no sé cómo, todo recobra la importancia y el lugar que debe. Sin embargo, algo me da de lleno entre mis recuerdos. Cori, su leucemia, su enfermedad… debo de cerciorarme que solo fue parte de una realidad echa a base de pesadillas.

—Cori…—murmuro. Él se detiene, por unos momentos y espera a que le diga algo—. ¿Estás…bien?

—Estoy contigo Sasha. Estoy más que bien.

Niego con mi cabeza y le pongo mi mano sobre su mejilla. Está suave y cálida. Cori siempre ha sido cálido, en sus besos, en sus abrazos… en el amor que me demuestra.

—No me refiero a eso Cori. ¿Realmente… estás bien? ¿No estás enfermo?

El enarca una ceja y desconcertado se yergue, mirándome inquisitivamente. ¿He preguntado acaso algo que no debía? Por suerte, su respuesta me alivia enormemente:

—¿De qué estaría enfermo?—me responde con otra pregunta—. ¿A caso andas gripe? Porque si es así no me importaría enfermarme.

—Entonces estás bien—afirmo.

Él se encoje de hombros y asiente con su cabeza. Solo para cerciorarme, me siento al igual que él y sin pensarlo dos veces, le saco su camisa y dejo su torso al desnudo. Me levanto y doy vueltas alrededor de él, en busca de algo que me indique que no está mintiendo, y al final, exhalo con satisfacción. Un cuerpo en perfectas condiciones. Su piel está libre de moretes.

—Si piensas violarme, que conste que no me opondré—me dice cruzándose de brazos—. Pero será discutible quien violará a quien.

—No voy a violarte—me agacho frente a él y cojo su mentón entre mis dedos. Lo beso. Un gesto simple pero realmente lleno de afecto—. Solo quería cerciorarme que estabas bien.

—Estoy bien Sasha. No te preocupes.

Él se pone de pie y se pone de regreso su camisa.

Le he traído a Cori su regalo de cumpleaños; un libro titulado “Ana” y un suéter que siempre había querido. Le han gustado ambas cosas y me alegro de ello. Me siento como en un Deja Vuh. Esto lo soñé en esas cuatro lastimeras horas. Soñé haber estado ya en la habitación de Cori, soñé traerle estos regalos, soñé incluso que le había prometido algo… sin embargo, creo que ese sueño tenía parte de mi realidad, solo que la promesa fue invención de mi mente, por suerte. Incluso la enfermedad de Cori. El alivio que me invade es enorme, y espero que ese sueño sea solo eso… algo ficticio.

—Cori…

—¿Si?

—Te amo, ¿Sabes?—él sonríe y me ayuda a levantarme—. Y no es tan simple como decirlo. Si tú te fueras, entonces yo moriría.

—Sasha, yo…

—No, Cori. No es suficiente con lo que hago—le interrumpo, negando con mi cabeza—. No es suficiente lo que pueda hacer para demostrártelo. Sin ti las cosas no serían lo mismo. Nadie lo sería… al menos yo jamás sería el mismo si tú no estás a mi lado.

Él se ruboriza y parece incomodado por lo que le he dicho, pero no he hecho más que decir la verdad.

Se hace un largo silencio entre ambos. Un silencio en el que nos limitamos a vernos el uno al otro, de pie, en medio de su habitación, con un atardecer a punto de dar paso a la noche por la ventana. ¿En qué piensa? ¿Qué es lo que siente? No sonríe, no dice nada… simplemente me mira. Simplemente lo veo.

—Tú has sido la mejor cosa que me ha podido pasar en la vida, Sasha—musita luego de un largo rato. Su rostro demuestra una enorme sinceridad en cada una de sus palabras—. La mejor persona que he podido encontrar y tener a mi lado. Solo tú… nadie más que tú.

En mis oídos, las palabras hacen un eco que se riega por todo mi cuerpo y esa sensación de plenitud no tarda en invadirme. Entonces me doy cuenta que tengo conmigo todo lo que siempre he necesitado. Tengo a Cori, tengo a Karla… lo tengo todo.

A veces, solo a veces, como personas nos damos cuenta cuan valioso es lo que tenemos. Normalmente las cosas se vuelven importantes hasta que las perdemos, hasta que ya no están y las queremos de vuelta. Sin embargo, Cori y Karla han sido importantes para mí desde el inicio de nuestra vida juntos, es por eso que pienso que es un caso bastante especial el nuestro. No es como si un día fuésemos a pelearnos y a dejar de hablarnos por una tontería. La cosa es que nunca peleamos—no como se supone que lo hacen aquellas personas que se molestan con todo y todos—. Y cuando peleamos, entonces es por tonterías, cosas pequeñas y ridículas que sabemos que no afectan lo que tenemos, esa amistad tan pura y rebosante. ¿Alguna vez les ha pasado? ¿Con esa persona con la que son tan unidos? Es como cuando me peleo con Cori por comerme los melocotones enlatados, pero sabemos que al final quien sea que se los coma no será odiado por nadie, sino más bien lo terminamos compensando con alguna otra cosa. O como cuando hago esos berrinches o estupideces por defender a Karla de cualquier idiota, cuando me peleo con algún chico porque intenta propasarse con ella o como cuando Cori se ve envuelto en alguna pelea provocada por alguien más y me lanzo sobre el primer imbécil que vea que le quiere hacer daño. Esas cosas suelo hacerlas sin pensarlo, sin detenerme a razonar sobre si me pueden lastimar… o matar. Karla y Cori se molestan conmigo por ello, siempre lo hacen, pero al final, ese enojo expresado en reproches y regaños que me dan, son pasajeros, y se terminan convirtiendo en preocupación y todo regresa a la normalidad. ¿Les ha pasado? Nunca podemos enfadarnos, nunca… y sé que nunca lo haríamos, así fuera que nos lastimáramos entre nosotros mismos.

No sé qué nos impulsa a ser así… pero así dejamos que sea.

Así somos.

Se ha llegado la noche, y Cori ha decidido acompañarme hasta mi casa. Supongo que hoy se quedará a dormir, y como es costumbre, siempre hablamos de cosas tan triviales que me sorprende que la conversación dure bastante.

Está oscuro en todo el camino, pero el cielo está despejado y hermosamente estrellado. El bosque susurra cada vez que la briza mece las hojas de las copas de sus árboles y la luz de la luna le da un brillo plateado al ambiente frio de octubre.

Curiosamente, caminando en esta oscuridad, me veo tentado a tomar de la mano a Cori. Por momentos se me pierde en la oscuridad y no verlo me inquieta un poco. Es como si ese sueño tan cruel me removiese algo por dentro y me hiciera sentir temor a perder a aquello que más quiero. Y si lo pienso detenidamente, ese miedo siempre lo he tenido, solo que esa pesadilla terminó de acentuarlo.

—Pareces preocupado—me dice Cori, mientras caminamos. Él extiende su mano y toma la mía. Me ha leído el pensamiento, como siempre—. ¿Te sientes mal?

—No es nada—respondo.

—¿Ha sido por ese sueño de ahora?—insiste él.

—Bueno, un poco por eso.

—¿Quieres contarme de qué trataba?—inquiere él, con una sonrisa que logro entrever en un pequeño tramo iluminado por la luz plateada de la luna.

No me siento con muchos ánimos de hacerlo la verdad. Será como decirle a Cori lo que pudo sucederle—claro en mi sueño— o contarle lo que hicimos, lo que me hizo prometer y lo que yo hice al final. Antes de despertar, en mi sueño, fui un total cobarde. ¿En serio lo fui? ¿Qué fue lo que hice exactamente?

—¿Tan malo fue?—parece preocupado—. ¿A caso… hice algo malo?

Cori aprieta más mi mano y parece incomodarse un poco. No quiero que piense que se lo quiero ocultar ni que crea que era una mala persona, pues en ningún momento me lo he imaginado así. No podría. Sin embargo, no me siento bien recordando esas tonterías. Porque ahora son tonterías.

Vuelvo a verlo y me fijo con detenimiento en su rostro que es tenuemente iluminado por la luz grisácea de la luna. Él realmente está aquí, todo lo demás fue una vana ilusión y esa tristeza solo fue efímera, mientras duró un cruel sueño.

Respiro hondo. No veo por qué ocultárselo. Es Cori. Se merece saber qué pienso, qué es lo que cruza por mi cabeza, y a pesar de que siempre se adelanta a todo lo que pienso, no todo el tiempo sabe lo que oculto en lo profundo de mi conciencia.

—Todo comenzó el día de tu cumpleaños—empiezo, haciendo una breve pausa, volviendo a verle. Noto su mirada curiosa y fija en mí—. Tenías Leucemia—continuo—y fue realmente triste darme cuenta de ello.

—Lo siento—musita.

Niego con mi cabeza y prosigo a narrarle.

—No es tu culpa. Era mi sueño. Era mi preocupación, y la causé yo mismo—le digo esbozándole una sonrisa para calmarlo—. Luego de tu cumpleaños, sucedieron muchas cosas ¿Sabes? Problemas, o más bien situaciones que debido a tu condición se me hicieron un problema.

—¿Era un estorbo para ti?—me pregunta. Puedo notar como afloja un poco su mano.

—No. Al contrario, eras tú quien me quitaba pesos de encima—lo miro de reojo y puedo notar una sonrisa dibujada en su rostro—. Una vez supe lo que te sucedía fue como si me dieran una patada en el estómago cada vez que te veía. Y me sentía más mal porque se lo ocultaba a Karla ya que así me lo habías pedido. Sin embargo… así lo hice—vuelvo a verlo y Cori ahora me mira fijamente. Nos hemos detenido—.

—¿Y qué sucedió al final del sueño?—me pregunta con curiosidad.

—Fue realmente malo—le digo con el rostro ensombrecido—. Un día empeoraste y te tuvieron que llevar al hospital. Estando ahí tuve la oportunidad de hablar con tu padre, y me di cuenta de cosas que realmente solo alimentaron mis deseos de estrangularlo.

Cori ríe un poco y me pide que continúe.

—¿Y luego?—inquiere.

—Luego…moriste

Puedo notar como Cori se estremece y se le tensan los dedos.

—¿Sabes por qué jamás le dije a Karla de lo que sucedía?—le interrogo.

Cori suelta mi mano, y, por sorprendente que parezca, me siento instantáneamente vacío. El niega con su cabeza, respondiendo a mi pregunta, a lo cual me apresuro a darle una respuesta.

—Porque te amo—advierto casi en un susurro—. Porque eras tú, porque quería serte de lo más útil y no quería tampoco hacer sentir a Karla lo que yo ya sentía. Dolía, y demasiado.

Cori desvía por unos segundos su mirada, esboza una sonrisa bastante lastimera que incluso se torna fingida. Unos segundos después, levanta su mirada y con preocupación me dice:

—Soy una mala persona—musita—. Incluso en tus sueños.

—Eso no es cierto—me apresuro a corregirle—. Fue solo una mala pesadilla.

—¿No sientes qué pueda hacerte sufrir?—remata él bastante preocupado—. Piénsalo Sasha. ¿Y si ese sueño realmente dice la verdad?

—¿En cuanto a la enfermedad?

—No me refiero a eso—masculla, dando unos pasos hacia mí, con su rostro muy cerca del mío—. Mírame. Estoy bien. Lo que quiero decir, es sobre hacerte sufrir. ¿Qué pasará si te lastimo?—susurra.

—Tú no vas a hacerlo, Cori. Lo sabes, y lo sé. Y si sucediera, sabría que no ha sido tu intención.

Cori se queda callado por un largo rato, mirándome fijamente a los ojos con una mirada preocupada. Siento el impulso de acercarme los centímetros que faltan y besarlo. Hacerle ver que esa preocupación que siente no tiene nada que ver con la realidad y que lo que soñé fue solo eso, un sueño. Pero como siempre sucede, Cori me lee el pensamiento y al final de un largo rato sonríe y me besa desprevenidamente. Vuelve a coger mi mano y seguimos caminando bajo la estrellada y fría noche.

Llegamos hasta mi casa y Cori ha decidido quedarse a dormir. Las luces de la sala están encendidas y al solo entrar, el cálido viento de la calefacción nos envuelve de manera acogedora.

—Tengo tanta hambre que me comería los mocos—le digo a Cori mientras me quito el suéter y me quedo en camiseta—.

—Eres una bestia asquerosa—me dice riendo—.

Escucho un quejido chillón de mi estómago y Cori suelta una carcajada, sin embargo, el sonido de su estómago pidiendo comida es más exagerado. Cori se calla de un solo golpe de tanto reír y se ruboriza, cosa que me causa gracia y me burlo hasta que siento que el aire me falta.

Decido pasar a la cocina a ver que ha hecho Tránsito para cenar. La casa está muy silenciosa y el sonido de nuestras voces, la de Cori y la mía, suenan incluso más altas.

Al final, no he encontrado nada de comer, así que creo que esta noche nos tocará comer sopa instantánea.

—¿Quieres cenar?—le pregunto a Cori, mientras lleno la tetera de agua.

—Por supuesto. Tengo mucha hambre. Además—me dice con tono burlisto—el agua hervida te queda sabrosa y le da el toque a la sopa instantánea.

—Ja-ja. Muy gracioso—le espeto con tono sarcástico—.

Pongo la tetera en la estufa y saco dos vasos de sopa instantánea de la alacena. Se supone que sabrán a carne de res, pero al final terminan sabiendo a pollo o a brócoli. Estas sopas son un tanto raras. Hubo una ocasión en la que hicimos competencia con Cori de ver quien se comía más sopas en el menor tiempo. Karla era la que cronometraba nuestros tiempos y Khana ayudo a preparar las sopas.

Ese día comí catorce sopas instantáneas, y un frasco completo para la indigestión. Cori ganó por una sopa más, y por tomarse un frasco y medio de medicina más que yo. Anduvimos eructando la tonta sopa, pero cada eructo sabía a helado de vainilla o sino a pistachos. No supimos si era por el efecto de la medicina o si la sopa realmente hacia estragos en nuestro estómago. Karla nos llamó asquerosos y según su criterio, los eructos olían a alcohol. Fue todo un caso.

—Me pregunto si Tránsito ha preparado algo para beber—le digo a Cori mientras vierto el agua hervida en las sopas—. Siempre hace algo ya sea haya soda o jugos en el frigorífico.

—A ella le encantan las cosas hechas en casa—hace Cori la observación—.

Me encojo de hombros y le doy la razón. Tránsito prefiere mil veces beber agua o limonada, que algo que lleve muchos persevantes. Dice que si no se modera, un día de estos le dará diabetes o se le secarán los riñones.

Grito desde la cocina a Tránsito, preguntándole si ha preparado algo pues no veo nada en la refrigeradora, pero nadie me responde. Grito preguntándole a Kathy, pero el silencio sigue siendo el único que me da respuesta. Llamo a André pero este me deja en el aire sin ninguna respuesta. ¿En dónde estarán todos?

—Seguro han salido con André a la ciudad—hago la suposición, pasándole su sopa a Cori. Saco dos latas de té helado y me siento a la mesa con él, a su lado—.

Cori comienza a comerse con calma los fideos. Lo observo mientras lo hace, deteniéndome a pensar que este tipo de cosas las podría repetir miles de veces y no me aburriría. Cori se percata de que lo observo y me sonríe.

—¿Qué?—masculla con la boca llena de fideos—. ¿A caso te gusto o qué?

Ríe y casi se atraganta con los fideos. Al final logra contagiarme con su risa.

—Quien sabe—le rezongo. Cojo un poco de fideos y me los zampo a la boca.

—Venga, pero sí que eres cruel—advierte haciendo un puchero—. ¿Ni siquiera un poquito?

—Podríamos discutir el asunto—le digo, imitando la voz de uno de esos señores bastante recatados; de la alta sociedad—. ¿Quiere realmente usted saberlo, joven Summer?

Cori coge mi mano, sin soltar su tenedor mientras hurga su sopa por más fideos y me sigue el juego.

—Sería todo un placer debatir tal asunto, joven Alexander. Pero es más fácil afirmar que usted me ama y yo lo amo.

Suelto una risotada al escuchar su imitación de señor de la alta sociedad con ese acento francés que tan mal imita.

—¿Y tú…? ¡Perdón! ¿Y usted como está tan seguro?—le inquiero mientras cojo la lata con té y le doy un sorbo.

—Niégalo—suelta tan tajante.

Touché. Eso no se vale—le reclamo—. Es trampa.

—Culpa al calentamiento global—me dice sin hacer mucho revuelo.

Nos terminamos nuestra sopa y ni Tránsito ni los chicos han aparecido. Nos quedamos en la cocina, hablando como siempre, debilidades. Pero al final, la conversación ha llegado a un punto que ya habíamos tocado. A Cori parece seguirle intrigando mi sueño, porque vuelve a hacerme preguntas al respecto, pero esta vez pareciera que intenta sacarme una respuesta, solo que no estoy seguro de cual exactamente.

—Sigo pensado que falta algo—objeta él poco convencido de que le he dicho todo—.

—Pues ilumíname—le digo con tono irónico—. Porque ni yo sé que carajos falta.

Cori se queda pensativo por unos momentos y al final parece decidirse por algo que decir:

—Creo que es el final—me dice—. No me has contado el final.

—No es nada importante—manifiesto encogiéndome de hombros, tratando de restarle importancia al asunto. La verdad es que de importante si tiene mucho. El final fue muy… cobarde. Me da incluso vergüenza decírselo y temo que Cori piense que no me puedo cuidar ni yo mismo.

Sin embargo, Cori no parece satisfecho. Nunca parece estarlo, y curiosamente eso me agrada, así que insiste.

—Quiero saberlo—frunce su entrecejo—. No me interesa si no es importante para ti.

—Bien, bien. No te enojes.

No perderé nada con decírselo. Solo espero que no se moleste conmigo. A ver, era solo un estúpido sueño, y por más cobarde que haya sido mi decisión, fue solo eso, un sueño. No es como si lo fuese a hacer en la realidad.

Respiro hondo y trato de ordenar mis pensamientos. Hay que decírselo.

—Cuando estábamos en tu funeral—comienzo con una voz que se me antoja bastante mustia— sucedieron muchas cosas.

—¿Qué cosas?

—Antes de que te sepultaran, Karla y yo nos quedamos ahí, contigo, hasta el último momento—hago una pausa, reviviendo ese cuadro tan triste en mi mente—. Si hubieses visto a Karla venirse abajo, como yo lo hice, entonces el alma se te hubiera partido en dos de la tristeza.

Cori suspira, y su rostro parece tornarse decaído y culposo. Ese sueño no fue su culpa.

—Luego de eso—continuo, respirando hondo, tratando de que mis palabras concuerden con los recuerdos de mi sueño—nos quedamos en el cementerio por un largo rato hasta que decimos salir. Ya era muy tarde, el atardecer hacia un rato que se había ido. En todo el rato, entre tu funeral y tu sepultura, esperaba que André llegara. Él llevaba a mis padres al aeropuerto porque tenían que viajar a causa de su trabajo. Ellos no pudieron asistir al funeral a causa de ello.

—Es una lástima—musita Cori.

—Me enfadé realmente con ellos—manifiesto con desdén—. Sin embargo, no podía hacer nada contra ello. Al final, en mi sueño, ellos iban a divorciarse.

Cori parece sorprenderse por esto último y niega con su cabeza.

—Eso si suena fuerte—me dice con inusitada sorpresa.

—Un poco—me encojo de hombros—. Se divorciaban porque mi padre le había ocultado a mi madre que él tenía una hija por fuera. Y a que no adivinas quién era mi hermana.

Cori guarda en silencio, expectante a que le suelte de quien se trata. Parece bastante interesado en el asunto. Al final, esto termina sonando como una historia, y considerando su incesante hambre por los libros, lo que le relato sería más o menos un audiolibro.

—Carol. La hija de Darien. La niña que me regaló aquél bollo que tú de glotón te comiste.

—¡Wow!—exclama sorprendido—. Ya decía yo que esa niña se parecía a ti.

—¿Ya la conoces?

—Al día siguiente del festival, fui con mamá al supermercado—advierte Cori, encogiéndose de hombros. Este último gesto se está haciendo bastante pegajoso—. Ahí me encontré con Darien, el señor Hamilton y su esposa. También los acompañaba una niña, así que supuse que era la hija de Darien.

—Ya veo. Pues no me he fijado detenidamente. ¿Tal vez en los ojos azules?

—No lo sé—manifiesta él con incertidumbre—. Solo creo que se me hace parecida a ti.

—En fin—retomo la historia—. Entre la espera por André, él nunca llegó. Sin embargo no fue porque no quiso. Sucedió algo realmente malo.

—¿Malo?

—Sí. Un accidente. En mi sueño, André y mis padres tuvieron un accidente. André salió muy herido y mis padres, ellos… murieron.

—Tuvo que ser un golpe bastante doloroso—me dice Cori, apretando mi mano.

—Lo fue—musito—. Cuando Kathy me dio la noticia fue como si alguien saltara en mi pecho y me quebrara el esternón y las costillas. Ya estaba en mi límite. Primero fuiste tú, luego el divorcio de mis padres, luego Karla que me decía que dos días después de tu funeral Cecilia se iría lejos, y luego… eso. André y mis padres. No lo soporté más. Ya no quería más de nada ni de nadie.

Cori se mira muy atento a cada palabra que le digo. No me despega su mirada cautivante y viva ni un solo segundo. Vuelve a sonreírme y me provoca ese hormigueo en el rostro que se me está volviendo agradable.

—¿Y qué hiciste?—me pregunta luego de una pausa.

Me pongo de pie y recojo la mesa. Aquí viene la parte más cobarde y posiblemente más tonta de todas.

—Decidí morir—advierto casi en un susurro.

—¿Morir?—inquiere bastante preocupado—. ¿Te sucedió algo? ¿Alguien te hizo daño?

Niego con mi cabeza, respiro hondo y suspiro, con lentitud.

—No. Yo realmente decidí morir y me suicidé, Cori. El problema era que no fui el único en morir. Karla… ella intentó detenerme. Luego de caer del último piso del edificio del instituto, se suponía que había muerto. Intenté ser quien amortiguara la caída para Karla. Pero luego de ese golpe sordo y seco de mi cuerpo en el suelo, no supe nada más…y desperté.

Cori se pone de pie, y justo antes de que yo vuelva a sentarme a la mesa, él me detiene. Me detiene con la mirada y con una cara muy asustada. Me agarra la mano con fuerza y sus ojos me interrogan constantemente con una tan sola pregunta: “¿Por qué lo hiciste?”.

En mi mente respondo repetidamente que no lo sé. No existe la verdad una buena excusa para ello. Solo lo hice… y ya. Sin embargo, Cori parece notar también mi miedo y sin vacilar me abraza con fuerza. Vuelvo a sentir ese cálido abrazo, ese olor tan agradable de su piel, su respiración cerca de mi nuca y el susurro de sus palabras. Me siento netamente aliviado. Esa sensación de opresión desaparece de mi pecho y se deja sustituir por Cori. Es agradable y liberador.

Pero algo va mal. Algo rompe mi burbuja y me indica que algo sucede. Cori está llorando. Siento sus sollozos y las contracciones de su cuerpo. Sin dejar de abrazarme me susurra al oído mi nombre. Esa angustia regresa.

—Esto está mal, Sasha—susurra entre sollozos.

Puedo sentir sus lágrimas comenzar a empapar mi cabello, mi mejilla, mi cuello…

—No puedes quedarte aquí—me dice—. No debes. Me lo prometiste.

Prometer…

—Me prometiste que serías fuerte, que ibas a cuidarte, que cuidarías a Karla…—murmura, con una voz que se quiebra entre cada palabra—. Me prometiste que te enamorarías nuevamente.

Piensa Sasha…

Un mareo desagradable aparece y siento como si la respiración me faltara. Siento como si me arrancaran algo del pecho, como si la presencia de Cori fuera lejana pero a la vez estuviese tan cerca, conmigo.

Cori pone su frente contra la mía. Puedo ver como sus lágrimas bajan por sus mejillas y como su mirada entristecida penetra cada uno de mis nervios y me estremece.

Me besa. Ese beso tan cálido y agradable, lleno de amor, de afecto, de ternura… todo a mí alrededor se detiene. Mi tiempo, mi respiración, mi vida.

—Tienes que despertar…—musita.

Entonces, en un segundo efímero, mi alrededor se torna negro. La cocina, la sala, la casa… todo se desvanece y da paso a una negrura que nos envuelve. Algo va mal. Esto no tendría que suceder. Esto desafía a toda lógica y razón. Miro a Cori a los ojos en busca de respuestas pero él se limita a observarme con detenimiento, como si nunca más fuese a hacerlo. Pareciera que él no tiene miedo…

Y cuando menos podría pensarlo, regreso nuevamente a ese lugar. Ese extenso paisaje de pasto verde y solitario. Ese mismo paisaje de nubes que circundan lentas el cielo y que en las montañas se posan para descansar. Es ese sueño que siempre tuve, tan repetitivo y continuo. Esto… no debería de suceder.

Estamos sobre un camino de tierra que se dirige hacia las montañas. Cori coge mi mano y me hala. Caminamos el uno a la par del otro. Miro a mí alrededor y la aflicción comienza a hacerse de mí, comienza a invadirme y a indicarme que algo va mal.

—Cori… ¿Qué está sucediendo?

Él no me responde. Simplemente vuelve a verme y me sonríe, pero no dice ni una sola palabra.

A mis costados, hay una vasta planicie sin muchos árboles. La brisa es fresca y mueve el pasto al compás del viento. Pareciera que va a llover, por las nubes grises que surcan el cielo, pero no sucede. El suelo de tierra tiene pequeñas piedrecillas blancas que Cori patea de vez en cuando, haciéndolas rodar a los costados. No hay sonido más que el de nuestros pasos, el del viento, el del pasto rosándose entre sí y el del vacío.

Cuando me veo tentado a preguntar de nuevo a Cori sobre esto, nos detenemos. Hemos llegado. Estamos frente a esta misma puerta que siempre aparece en mi sueño. Esta vez está abierta, y sobre ella yace una pequeña placa dorada con una frase escrita sobre ella “Punto sin retorno”. A los costados de la puerta no hay absolutamente nada, ni paredes ni nadie que la sostenga, solo el paisaje que la rodea, que nos rodea.

—Regresarás—me dice Cori con una sonrisa.

—¿A dónde?

—Tú no deberías de estar aquí Sasha, no aún.

—¿Cori?

Él suelta mi mano y entonces la desesperación me invade. Algo va realmente mal y presiento que el golpe va a ser de los peores. A varios metros, pasando la puerta, está un árbol. Hay tres personas ahí de pie. Entrecierro mis ojos y trato de ver de quien se trata. Percatarme de que los reconozco me termina de partir el corazón.

Mi abuela, mi madre… mi padre.

Sonríen. Todos sonríen. Alzan su mano y me saludan. Mi padre asiente con su cabeza y puedo notar como los labios de mi madre esbozan palabras… Te amo. Lo siento.

—Ya no tengo nada más que hacer acá—me dice Cori con voz nostálgica—. Gracias Sasha—murmura—. Gracias por ser todo lo que siempre necesité.

Comienza a caminar hacia la puerta, con paso lento y sin mirar atrás. Siento como algo comienza a despegarse de mí, a escaparse con violencia y crueldad.

—Cori…—susurro su nombre

Quiero moverme. Quiero ir tras de él. Quiero cogerlo de la mano y caminar a su lado, pero no puedo. Mis pies no se mueven, mi cuerpo no reacciona, y lo único que puedo hacer es comenzar a llorar de desesperación, de tristeza, de impotencia porque no quiero perderlo otra vez.

No perteneces aquí, Sasha…

Quiero estar con él. Quiero quedarme a su lado para siempre sin importar donde sea ni lo que me cueste.

Me lo prometiste, Sasha…

Cori llega hasta la puerta y justo antes de cruzarla, vuelve a ver a mi abuela que observa todo con bastante calma desde lo lejos. Sonríe, vuelve a verme y puedo entonces escuchar sus palabras susurradas “Es tiempo, Sasha.” Ella vuelve a ver a Cori y asiente con su cabeza. Algo va a suceder, algo me va a doler.

Despierta, Sasha…

Cori vuelve a verme y me dedica una sonrisa… una última sonrisa.

—Te amo—susurra.

Cori cruza la puerta y esta se cierra sin que nadie la empuje, y en un abrir y cerrar de ojos, él ya está con ellos, mirándome desde lo lejos, sonriendo… despidiéndose.

Mi mundo alrededor se desvanece en negrura y lo último que logro ver son los ojos verdes de Cori y su sonrisa. La cabeza me palpita en un dolor punzante, el cuerpo se me torna pesado, las manos se me entumecen y los deseos de vomitar aparecen con violencia. Mi vista se torna borrosa y los parpados me pesan. No puedo mantenerme en pie, no puedo mantenerme despierto… mi cuerpo se desploma.

***

Un sonido. Un pequeño zumbido y una sensación cálida en mi mano. Mi vista está borrosa. No tengo fuerzas para abrir los ojos ni para emitir ningún quejido. Escucho a alguien susurrar. Casi un murmuro.

Aprieta mi mano. Intento devolverle el gesto pero lo único que consigo es mover uno de mis dedos. Vuelve a apretar más fuerte mi mano y susurra mi nombre.

—Sasha…

Es Karla.

Todavía vivimos…

Ending:

cuarta firma

Próximo Capítulo: Domingo 3 de Marzo de 2013

Autor: Luis F. López Silva.

Todos los derechos reservados ©

2 pensamientos en “Capítulo 38: Tiempo de regresar.

  1. Kamira Méndez

    Hermoso en un principio… y con una cruda y triste realidad al final…
    Gracias a Sasha; pienso que en a veces el “destino” o como lo quieran llamar; se ensaña o es mas cruel con las personas que son realmente buenas y los golpea de formas crueles y malas. En un principio espere que lo narrado al inicio fuera verdad… pero ya vemos que solo fue, como decir, la ultima despedida entre Cori y Sasha; y tal vez el inicio de una segunda oportunidad para el.

    cabe destacar como todos los demás capítulos este no dejo se ser hermoso y cargados de sentimientos que amas de un lector nos conmovió y me incluyo, y espero con ansias el que viene😀

    Kami

    Responder

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